Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 30 mayo 2009

basmalah7

Imam al-Ghazzali

Imam al-Ghazzali

El Imam Abu Hamid Muhammad al-Ghazzali (1058-111) [o `Algacel´, como se le conoce en textos  de filosofía en Occidente], que Allah esté complacido con él, es uno de los Maestros más célebres del Islam por su importancia en el desarrollo de lo que gruesa y confusamente se suele denominar el ‘pensamiento islámico’. 

Quienes estudian la mal denominada filosofía islámica en Occidente quizá nunca llegan a percibir que al-Ghazzali ni fue ni quiso ser filósofo ni un pensador ‘original’, sino simplemente un siervo de Dios, un wali o Santo de Dios, que respondió fielmente desde el depósito sagrado de la Revelación intacta del Islam, en su propio tiempo, a los desafíos del racionalismo y la incredulidad.  Fue defensor de la fe, un arifbillah o gnóstico (en el sentido únicamente etimológico del término) y por ello en el mundo islámico se le conoce también como Hujjat-ul Islam o la Prueba del Islam.

Sin embargo, la profundidad intlectual innegable y vigorosa de su obra, reflejo de la profundidad de su conocimiento experiencial o sufi de la profundidad del Islam, hizo de él un antes y un después histórico en la clarificación y protección respecto a lo que eran signos de racionalismo e incredulidad filosófica en el mundo culto de su época.

Hoy aquello a lo que él se enfrentó, domina con hegemonía superlativa el estado del mundo contemporáneo occidental, y desde allí ha venido penetrando velozmente diversas zonas del mundo islámico.

Sigue por ende siendo de actualidad descubrir cómo respondió a aquel mal.  Y, más aún, saber que la fuente de la que bebió sigue intacta y viva: la sapiencialidad del sufismo de los awliya, el sir o ‘secreto’ de los shaykhs sufis por el cual el Islam, a pesar del invierno del mundo, tiene raíces imperecederas y un jardín frondoso contenido en sí.

Citamos a continuación las palabras de este conocedor directo de la razón y de los mundos de la Luz, en los reinos del inmenso espíritu, frente a lo cual la razón constituye apenas una débil presencia ontológicamente dependiente y menor.

* * * * * * *

De su obra al-Munqid min ad-dalâl o Liberación del Error:

“Allah es la luz de los cielos y la tierra. Su luz es como una hornacina en la que hay una lámpara; la lámpara está dentro de un recipiente de vidrio que parece un astro radiante. Se enciende gracias a un árbol bendito, un olivo, ni oriental ni occidental, cuyo aceite casi alumbra sin que lo toque el fuego. Luz sobre luz.

Allah guía hacia Su luz a quien quiere.

Allah llama la atención de los hombres con ejemplos y Allah es omnisciente de toda cosa”.

(Sagrado Corán, XXIV, 35).

El examen de mis conocimientos me demostró, no obstante, que estaba desprovisto de este género de ciencia cierta, salvo en lo que concierne a los datos sensibles y a las necesidades de la razón.

Me entregué entonces a la desesperación, encontrándome incapaz de abordar otros problemas que las evidencias, las del sentido y las de la razón. Debía claramente discernir la naturaleza de mi confianza en los datos sensibles y de mi seguridad de estar al abrigo del error en las necesidades de la razón. ¿Son estos sentimientos análogos a los que experimentan la mayoría de las personas con respecto a los conocimientos especulativos? ¿Se trata, por el contrario, de una certeza sin ilusión ni sorpresa?

Me impuse entonces considerar los datos sensibles y las necesidades de la razón, intentando ponerlos en duda. Llegué así a perder la fe en los datos sensibles. Y esta duda me invadía, formulándose así:

¿Cómo fiarse de los datos sensibles? La vista, a pesar de ser el principal de nuestros sentidos, fijándose en una sombra la cree inmóvil y petrificada y concluye que ésta no se mueve. Al cabo de una hora de observación experimental, descubre que esa sombra se ha desplazado, no de una vez, sino progresivamente, poco a poco, de forma que jamás ha dejado de desplazarse. El ojo mira una estrella: la ve reducida al tamaño de un dinâr, mientras que los argumentos matemáticos muestran que ese astro es más grande que la tierra. He aquí el ejemplo de los datos sensibles con respecto al cual un órgano de los sentidos aporta un juicio allí donde la razón ve aparecer un innegable error.

No hay seguridad, me dije entonces, ni siquiera en los datos sensibles. ¿Quizá la haya en los datos racionales, que forman parte de las nociones primeras? Por ejemplo: diez es mayor que tres; negación y afirmación no pueden coexistir en un mismo sujeto; nada en este mundo puede ser a la vez creado (hâdith, acontecimiento) y eterno, existente e inexistente, necesario e imposible.

He aquí la respuesta de los datos sensibles: ¿estás seguro -me dicen ellos- de que no pones, en las necesidades de la razón, el mismo género de confianza que el que ponías en los datos sensibles? Tenías fe en nosotros, pero llegó la razón y nos tachó de ser un error. Sin ella, habrías mantenido tu confianza en nosotros. Pero, ¿no habrá, más allá de la razón, otro juicio cuya aparición convencería del error a la razón misma, del mismo modo que ella hizo respecto a los sentidos? Que tal inteligencia no se manifieste no prueba que sea imposible…

Me quedé sin palabras. La dificultad me pareció de la misma naturaleza que el problema del sueño. Me dije entonces que durmiendo se cree en muchas cosas y uno se ve en toda clase de situaciones; se cree firmemente en ellas, y sin la menor duda. Pero al despertar nos damos cuenta de su inconsistencia, de la inanidad de los fantasmas de la imaginación. Uno puede interrogarse, igualmente, sobre la realidad de las creencias adquiridas por los sentidos o por la razón. ¿No se podría imaginar un estado que fuera, para la vigilia, lo que ésta es para el sueño? La vigilia sería entonces el sueño de ese estado, y este último demostraría bien que la ilusión del conocimiento racional no es más que vana imaginación.

Este estado sería quizá también el que los sûfî reclaman para sí. Aseguran que absorbiéndose en sí mismos y haciendo abstracción de sus sentidos se encuentran en un estado de alma que no concuerda con los datos racionales.

¿Quizá este estado no sea otro que la Muerte? ¿no ha dicho el Profeta: “los hombres están dormidos; y muriendo (cuando mueren) se despiertan”? La vida en este mundo es quizá un sueño, comparada con la del más allá. Tras la muerte, las cosas aparecen bajo una luz diferente, y, como se dice en el Libro (Qur’ân al-karim): “Te hemos quitado el velo y tu vista hoy es aguda” (Qur’ân al-karim, L, 22).

Cuando estos pensamientos llegaron a mi espíritu me atormentaron. En vano intenté poner remedio. Sólo podía ocultarlos el razonamiento, que lamentablemente no es posible más que recurriendo a los conocimientos primeros.

El mal empeoró y se prolongó durante dos meses, durante los cuales me encontré frente al “sofisma” (safsata). Era éste mi estado de alma real, aunque nada se transparentaba en mis palabras. Finalmente, Allah me sanó y recobré la salud y el equilibrio mental. Los datos racionales necesarios volvieron a ser aceptables; puse mi confianza en ellos, me encontré seguro y en la certeza. No llegué a ello por razonamientos bien ordenados, o por discursos metódicamente dispuestos, sino por medio de una Luz que Allah ha proyectado en mi pecho. Esta luz es la clave de la mayoría de los conocimientos. Quien cree que el “desvelamiento de la verdad” es fruto de argumentos bien ordenados limita la inmensa misericordia divina.

El Enviado de Allah fue interrogado sobre la “dilatación” espiritual y el sentido según el cual debe entenderse la sentencia de Allah: “A quien Allah quiere dirigir, le abre el pecho para el Islam” (Corán, VI, 125).

Él dijo: “es una luz que Allah proyecta en el corazón”. “¿Para que se reconozca?” le preguntaron. Él respondió: “Para que huya de toda vanidad y vuelva a la Eternidad”. Es Muhammad también quien dice: “Allah creó al hombre en las tinieblas, y después le roció con su luz”. La revelación debe ser requerida a esta luz; ella brota en ciertas circunstancias del fondo de la bondad divina; es preciso acecharla, según la sentencia de Muhammad: “Ocurre que vuestro Señor os envía sus hálitos en ciertos días de vuestra vida; exponeos entonces a esos hálitos”.

Ext. de la traducción francesa de “Al-munqid min addalâl” (La delivrance de l’erreur o La liberación del error), 2ª parte, Publications du Waqf Ikhlâs, Hakîkat Kitabevi, Darüssefaka Cad. No. 57/A P.K. 35, 34262, Fatih, Istambul (Turk.), 1992 (2ª ed.)

 

Read Full Post »

A propósito de un invitado que quería viajar a la India, Mawlana Shaykh Nazim habla acerca de las denominadas filosofías orientales, así como acerca de las filosofías racionalistas occidentales.

 ——————–

“Aquí tenemos una grabadora.  Ahora la gente las hace fácilmente, pero al principio tenían que descubrirse los principios con mucho trabajo duro.  Ahora ya no es necesario que una persona que una las piezas entienda esos principios. 

¿Filosofías India y China?  Debemos buscar el mejor camino hoy en día en este mundo, y no pueden encontrar algo mejor que el Sufismo en el Islam.  Todos los bienes indicados`por las religiones previas se hallan de una manera más completa en el Sufismo.

racionalismo¿Para qué es la filosofía?  Si hay una respuesta [para algún asunto], entonces todos los filósofos deben estar de acuerdo en esa respuesta.  Si el significado de la filosofía [lo que dicen las filosofías] varía, no es una base sobre la que puedas erigir un edificio.  Las filosofías tienen  tantos significados distintos en cada mente, en cada país y en cada siglo.  Se van del centro hacia afuera, no del exterior al centro.  Nosotros buscamos el centro como nuestro principal objetivo.

No puedes hallar un objetivo principal entre los filósofos.  Su tono cambia dependiendo de si tienen un estómago lleno o uno vacío, del día a la noche, de la juventud a la vejez; siempre en cambio.

No hay filosofía en el Islam.  En Islam hay realidad: “la ilaha illa llah, Muhammadan rasula llah”, no hay más dios que Allah, Muhammad es el Mensajero de Allah.

Los filósofos están aprisionados en sus mentes.  Nosotros debemos terminar con la muralla que la mente nos pone al frente.  En nosotros mismos y en la vida externa hay tantas cosas que es imposible que la mente explique.  Así pues, debemos creer que para un entendimiento, nuestras mentes no son suficientes.  luz_del_mundo

Debemos usar poderes espirituales.  Tenemos espíritus, tenemos vidas, y no podemos explicar el secreto de ello, o de la muerte.  Hechos reales que no puedes negar.  ¿Cuál es el secreto? ¿Pueden explicarlo?  Pero la vida existe.  El hombre está orgulloso de sus conocimientos que son como una gota en un océano. 

Debemos aceptar a los Profetas.  Todo en nuestra vida se dirige hacia el desarrollo y la mejora.  No estamos estudiando hoy los principios de las primeras máquinas.  ¿Acaso no ha habido desarrollo en 4,000 años?  ¿Para qué buscas a los místicos hindúes cuando tienes frente a ti al camino más desarrollado?”.

De la compilación de discursos: Océanos de Misericordia, Volumen 2.

 

Read Full Post »

basmalah

Al-Fikr al-Islami podría traducirse como Pensamiento Islámico o Reflexiones Islámicas.

Mezquita de Córdoba

El primer sentido de Fikr, sin embargo, como explica Mawlana Shaykh Nazim, gran maestro de la espiritualidad islámica del sufismo, es el de la reflexión activa y vigilante acerca de nuestra situación, nuestros deberes, nuestra condición y nuestro caminar.

En este blog insha’Allah, Dios mediante, se hablarán de muchos asuntos de ayer, de hoy y de siempre, incluyendo numerosas veces asuntos referidos a problemáticas del pensamiento contemporáneo pero, a diferencia del pensamiento moderno o post-moderno contemporáneo, el Fikr es Islami, es islámico.  El punto de partida y el punto de llega del ser humano está en su Señor, alabado sea, y la inteligencia que no reconoce a su Señor y admite nuestra condición de siervos Suyos ha sufrido un desperfecto esencial.

No hay pues, ‘pensamiento personal’ ni mucho menos filosofía personal. Y esto se aplica en muchos sentidos: primero, en el sentido de que no hay un esfuerzo por la ‘originalidad’ ni la ‘novedad’ como bienes (fatuos) en sí mismos. Tampoco existe la suposición falsa de que nuestra sola razón se erija en el trono de la autoridad última, pues dejar a la razón a sí misma es como dejar a un invididuo a mitad de un desierto en medio de una tormenta de arena. La razón no es sino un aspecto más de nuestra integralidad, de nuestra inmensa y multidimensional integralidad que llamamos epitelialmente ‘el yo’, y nuestra fuente viene desde Allah, Exaltado y Alabado sea.

Por último, tampoco hay, o se hará el esfuerzo posible, de que no haya rebeldía, a’udhubillah, contra nada de lo que nos muestran quienes sí son conocedores consagrados por intelección directa y alumbrada, completa y serena, de las Realidades.

Hay sólo un intento, de hombre de a pie a hombre de a pie, de recibir lo transmitido e intentar comprender los desafíos y problemas de hoy sobre la fidelidad a esa base, abriendo a la reflexión asuntos que las falacias y los engaños de esta época nublan, confunden o distraen, según el grado respectivo, a las mentes.

Fidelidad a la base, se ha dicho. La base Noble y eterna traída desde el Altísimo, exaltado sea, por el Mensajero y Amado de Dios, Sayyiduna Muhammad, que la bendición y la paz de Dios sean con él y con todos sus hermanos, los Enviados precedentes, y venida desde él a través de una cadena de maestros de conocimiento que llega hasta la actualidad.

El autor de las líneas que se escriban en este blog no puede más que permanecer en un estado de asombro y admiración permanente ante aquel a quien osa llamar su maestro, su shaykh, Shaykh Abdul Kerim Effendi, quien a su vez tiene por maestro al Maestro inmenso, el Wali de la época, el Gran Shaykh, Mawlana Shaykh Nazim al Haqqani, el Polo espiritual, exponente fiel y autoritativo de la enseñanza inagotable del Profeta Muhammad (saaws) para esta época.

La Ghaliba Illa’Allah

As salam alaikum

Read Full Post »