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Archive for the ‘Monarquismo’ Category

En el Nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo

 

Muchos en los círculos académicos, o incluso dentro del mundo islámico, pueden asombrarse de las graves palabras de un personaje prominente como Maulana Shaykh Nazim, uno de los líderes religiosos sunnis de mayor relevancia contemporánea, cuando comenta, a propósito de las revueltas árabes contemporáneas, acerca de un gran cambio insperado que se avecina, distinto por cierto a las expectativas que desde Occidente la ONU o la Casa Blanca podrían estar albergando. 

Resulta evidente que las multitudes están agitando desordenadamente sus pasiones -además, en cualquier sentido, menos en el de regresar a las Leyes o el Nomos Islámico- movidos por la ideología anti-islámica de la democracia.  Y azuzados por actores externos, también, sumamente interesados en las ganancias que pueden realizar ‘a río revuelto’.  Hasta aquí, todo iría ‘viento en poca’ para el liberalismo decididamente anti-tradicional.
Pero lo que hay, al fondo de ello, es una profunda insatisfacción con el status quo.
Y entendámonos: el status quo político, social y económico de los países de Medio Oriente, por mucho que se haya oído lo contrario, NO ES ISLÁMICO sino, por el contrario, marcadamente ajeno al Islam.
Desde la pérdida del Califato Islámico, esto es, el Califato Otomano, la división ocurrida en la Ummah del Islam en decenas de países estado y en nacionalismos divisionistas, la pérdida de todo poder conjunto en el escenario internacional, la generación de una Torre de Babel ensangrentada y míseramente corroida, las luchas intestinas religiosas y las incursiones erosionantes marcadamente anti-islámicas del secularismo y el relativismo narcicista del hombre ‘moderno’, allí donde antes hubo un Nomos Islámico Pluricultural, si algo dejan ver, es precisamente la historia de una traición a la identidad y el Camino propios, la historia de un profundo error, cuyas sangrientas consecuencias han explotado en la escena contemporánea.
La insatisfacción en Medio Oriente se produce en momentos en que hay muestras cada vez más claras de islamofobia grotesca en el Occidente (como la quema del Sagrado Corán, las caricaturas nefastas contra el Bendito Profeta Muhammad -la bendición y la paz de Dios sean sobre él-, la prohibición del velo en los lugares públicos, la prohibición de construcción de mezquita con minaretes, etc.).
La insatisfacción que explota hoy en Medio Oriente, y que reclama por lo pronto como soluciones políticas fórmulas surgidas en la historia política no islámica del Occidente, no puede dejar de advertir, por cierto -como muestra el antiamericanismo o el antisionismo tan extendido en tales tierras- las realidades de grotestos actos de interferencia colonialista en los asuntos de los musulmanes, tales como las guerras norteamericanas y europeas conducidas por la ambición del petróleo, la hipocresía de Occidente cuando se trata de la posesión de armas nucleares por Israel, o la condición de ‘títeres’ que tienen los tiranos de turno de Medio Oriente.
Esta insatisfacción en Medio Oriente, asimismo, aunque hoy reclame -por la fuerza del indoctrinamiento foráneo recibido durante décadas- soluciones reprobables para el Nomos Islámico, tales como las fórmulas relativistas y nihilistas de las elecciones democráticas, no puede dejar de advertir el carácter profundamente débil y altamente riesgoso de los cimientos del poderío foráneo que las poblaciones árabes admiran y a la vez rechazan: nos referimos a la debilidad radical de una economía del dinero inexistente -el dinero fiat, electrónico, en lugar del dinero de valor real, oro y plata, conforme a la Legislación Económica del Islam- que sirve como plataforma general de las ‘luces’ del mundo alterno, el primer mundo.
Es muy conocido que en las tierras islámicas hay una mirada hipnotizada que se dirige hacia países como Estados Unidos o Europa, pero también es patentemente claro el sentimiento de que -como ocurre con la súplica de Turquía respecto a su nunca concedido ingreso a la Unión Europea- el mundo islámico recibe un tratamiento o bien paternalista en el mejor de los casos, o bien hipócrita, interesado y, cuando se necesita, cruel y bélico por parte de los círculos de poder de la economía y de los países a quienes en principio se admira. 
Lo que dejamos anotado aquí, como preludio, son estas dos almas.  Dos sensaciones.  Dos fuerzas distintas. 
Y una insatisfacción árabe, no obstante, radical y común contra el status quo … por parte de poblaciones que por generaciones han vivido en el Islam tiempos e inclusive glorias mejores.
¿Estamos a las puertas de un gran cambio?
Nadie menos que Maulana Shaykh Nazim, descendiente de sangre del Profeta del Islam -saaws-, heredero del legado prolífico otomano, gnóstico de un calibre singular, conocido de hecho como el Qutb al Islam o el Polo Espiritual del Islam de esta época, nos indica precisamente la inminencia de un enorme cambio.
Su fuente: no pertenece ciertamente a los libros, o las noticias, o las universidades.  El Qutb del Islam navega en un océano de intelecciones de orden enteramente distinto, tras la conquista de la cima de la servidumbre del alma rendida a su Señor.
* * *

Shaykh Nazim al Haqqani

 

“Tayeb (el Primer Ministro Turco) está controlado por el ejército.  El ejército le dice que no interfiera en Libia.  No es por asuntos de negocios que él no quiere interferir.  Es un asunto delicado que nadie conoce. 

Si él ayudara a los rebeldes libios a ganar, ellos querrían traer de nuevo al rey (de Libia).  Esto establecería un mal ejemplo para los turcos porque los turcos tampoco están contentos con la situación en Turquía.  La mayoría querría tener de nuevo un rey en su país.  Por esta razón, el ejército no apoya la revolución en Libia.  Nadie sabe esto.  Nadie lo sabe.  Éste es el secreto. 

De otro modo, los turcos acabarían en un solo día con esto (la tiranía de Qaddafi).  Él (Tayeb) podría enviar el ejército con aviones. 

¿Dónde está Qaddafi? ¿Acaso él tiene algo más poderoso?  Pero esto es algo muy importante, porque cuando Qaddafi se vaya, vendrá un rey y esto establecerá el ejemplo ideal para los demás. 

Un Sultán Turco Otomano regresará a Turquía.  Debe ser así ya que Sahib Al Zaman (el Imam Mahdi, la paz sea con él) debe recibir las Amanat (las reliquias sagradas del Santo Profeta -saaws- que están conservadas en el palacio Topkapi en Estambul) de la mano de Sultán Selim en Estambul …

Éste es el secreto.  Y por esa razón no quieren que el Sultán regrese; de modo modo, quien haya de venir vendrá.

Los turcos siempre pueden buscar su propio beneficio quien quiera que sea el que gobierne allí.  Pero éste es el punto principal del regreso del Reinado a Trípoli.  Esto significa que la Shariat de Allah regresará en el Reinado.  Ésta es una invitación, si el mundo entero la acepta.  Pero todos están contra la Shariat, los Árabes y los Turcos.  Mentirosos son aquellos musulmanes que no aceptan el gobierno de las Leyes de Dios sobre ellos.

No hay un solo erudito islámico (‘alim) que hable acerca de estos asuntos de Oriente a Occidente en la nación islámica ni fuera de ella.  Nadie tiene ese conocimiento.  Éstas son inspiraciones, y son instrucciones de los Cielos, de parte de nuestra Cadena Dorada -el Linaje de Maestros Naqshbandis- de modo que la gente no sienta que han sido despojados de la misericordia de Dios Todopoderoso y de Su Profeta (saaws); de modo que la gente no sienta que ha sido separada de la Misericordia Divina.  La Verdad debe estar siempre en el punto más elevado”.

Palabras del Maestro sufi turco-chipriota, Maulana Sheykh Nazim (qs), del 6 de abril de 2011. 

Vínculo relacionado (palabras suyas dichas antes del inicio de las revueltas árabes):

Las llamas de Medio Oriente nos llevan hacia un final.

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En el Nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo

Después de ‘El Mito Maligno de la Democracia’, proseguimos con un análisis ‘heterodoxo’ de los males intrínsecos a la Democracia.  Y, por supuesto, con nuestra selectiva selección, proceder nuevamente heterodoxo y no académico para las citas, de aquellas ideas de entre sus escritos a los que el autor del blog le puede otorga algún valor de reflexión serio, en medio de esta escasez tan terrible de pensamiento auténticamente valioso, y sin que avale por cierto aquellas otras que se cuida bien de no citar.

Esta vez, citamos del texto “Élites Naturales, los Intelectuales y el Estado” del economista Hans Hermann Hope.  Con énfasis y resaltados de propia hechura.

* * *

… Bertrand de Jouvenel.  Según su punto de vista, los Estados son la consecuencia del desarrollo de élites naturales: el resultado de transacciones voluntarias entre dueños de la Propiedad Privada es no-igualitario, jerárquico, y elitista.

Shaykh Abdul Kerim Effendi

Descendiente de la Casa de Osman

En cada sociedad, unos pocos individuos adquieren la posición de una élite por su talento.  Debido a logros superiores de riqueza, de sabiduría, y de valentía, estos individuos vienen a poseer una autoridad natural, y sus opiniones y juicios gozan del respeto general.  Además, a causa del apareamiento selectivo, el casamiento, y las leyes de herencias civil y de la genética, es probable que las posiciones de autoridad natural fueran traspasadas dentro de unas pocas familias nobles.  Es hacia estas cabezas de familia con antecedentes de logros superiores ñargamente establecidos, de visión de futuro, y de conducta personal ejemplar, a quienes las gentes llegaban con sus conflictos y quejas del uno contra el otro …

Una vez que el origen del Estado es visto como el crecimiento de un ordenamiento anterior, jerárquicamente estructurado, de élites naturales, se aclara por qué la humanidad, en la medida en que fue susceptible en absouto de gobierno {1} ha estado bajo la férula monárquica (más bien que democrática) durante la mayor parte de su historia.  Hay excepciones or supuesto … Pero éstos [casos] fueron ocurrencias raras, y ninguno de ellos se pareció ni remotamente al sistema democrático moderno de un voto por persona.

Además [esos casos de excepción] también fueron sumamente elitistas.  En Atenas, por ejemplo, no más del 5 por ciento de la población votaba y tenía derecho a posiciones de gobierno.  No fue hasta después de fin de la primera Guerra Mundial que la humanidad dejó verdaderamente la era monárquica.

(..)

El ascenso de la democracia

Como la teoría económica elemental podría predecir, con la transición del gobierno monárquico al democrático, una persona por un voto, y la substitución del rey por el pueblo, las cosas se hicieron peores.  El precio de la justicia se elevó astronómicamente mientras la calidad de la ley se deterioraba cada vez más.  Ya que la transición se redujo a la conversión de un sistema de gobierno de la Propiedad Privada – un monopolio privado -, a un sistema de gobierno de propiedad pública – un monopolio de propiedad pública -.

“Una tragedia de la gente común” fue creada.  Todos tuvieron derecho ahora, no sólo el rey, de tratar de echar mano a la propiedad privada de los demás.  Las consecuencias fueron más explotación por parte del gobierno (impuestos); el deterioro de la ley hasta el punto de que la idea de un conjunto de principios universales e inmutables de justicia desapareció {2} y fue sustituida por la idea de ley como legislación (ley hecha a la meddida, más bien que encontrada o ley eternamente “dada”); y un aumento de la tasa social de preferencia del tiempo (aumento en la orientación hacia el presente).

Un rey que poseía el territorio y podría transmitirlo a su hijo, trataba de conversar su valor.

Un gobernante democrático es una autoridad temporal y trata de maximizar los ingresos corrientes del gobierno a costa de su capital, y como consecuencia malgasta.

Éstos son algunos resultados: durante la época de las monarquías, antes de la Primera guerra mundial, el gasto del gobierno como porcentaje del PNB era raramente superior al 5 por ciento.  Antes de la Primera guerra mundial, el empleo en el gobierno era menor al 3 por ciento del empleo total.  Desde entonces ha aumentado a entre un 15 y 20 por ciento.  La época de la monarquía se caracterizaba por el dinero-materia prima (oro) y cuyo poder adquisitivo aumentaba gradualmente.  En contraste, la época democrática es la época de papel moneda cuyo poder adquisitivo disminuye permanentemente.

Los reyes se endeudaban cada vez más profundamente, pero al menos durante los tiempos de paz característicamente reducían su carga de deudas.  Durante la época democrática la deuda pública ha aumentado, en guerra o en paz, a alturas increíbles.  Las verdaderas tasas de interés durante la edad monárquica habían caído gradualmente a cerca del 2.5 por cciento.  Desde entonces, las verdaderas tasas de interés (tasas nominales ajustadas contra la inflación) se han elevado a cerca del 5 por ciento, iguales a las tasas del siglo quince.

Legislación prácticamente no existió hasta finales del siglo diecinueve.  Hoy pasan, en un solo año, decenas de millares de leyes y regulaciones.  Las tasas de ahorro disminuyen en vez de aumentar con los ingresos crecientes, y los indicadores de desintegración de la familia, y de criminalidad, aumentan constantemente.

El destino de las élites naturales

Mientras al Estado le ha ido mucho mejor con el gobierno democrático, y mientras al “pueblo” le ha ido mucho peor desde que empezaron a gobernarse a sí mismos, ¿qué ha pasado con las élites naturales y con los intelectuales?  En cuanto a las primeras, la democratización ha tenido éxito donde comenzaron modestamente los reyes: la destrucción final de la élite natural y de la nobleza.  Las fortunas de las grandes familias se han ido disipando por impuestos confiscatorios, en vida y al momento de la muerte.  La tradición de estas familias de independencia económica, visión de futuro intelectual, y mando moral y espiritual se ha perdido y olvidado.

engaño de la democracia

Liberación democrática

Ricos existen hoy pero, con más frecuencia que no, deben sus fortunas directamente o indirectamente al Estado.  De ahí que a menudo son más dependientes de los favores continuados del Estado que muchas personas de riqueza bastante menor.  No son ya las típicas cabezas principales de familia establecidas durante mucho tiempo, sino que son “les nouveaux riches”.  Su conducta no se caracteriza por la virtud, la sabiduría, la dignidad, o el buen gusto, sino que es un reflejo de la orientación actual de la misma masiva cultura proletaria, del oportunismo, y de hedonismo que los ricos y famosos comparten ahora con todos los demás.  Por consiguiente -y gracias a Dios- sus opiniones no tienen más peso en la opinión pública que el de la mayoría de la gente.

La democracia ha conseguido lo que Keynes soñó: “la eutanasia de la clase adinerada”.  La declaración de Keynes que “en carrera larga todos estaremos muertos” exactamente expresa el espíritu democrático de nuestros tiempos: hedonismo orientado sólo al presente.

Aunque sea perverso no pensar más allá de la propia vida de alguien, tal pensamiento se ha hecho tìpico.  En vez de ennoblecer a los proletarios, la democracia tiene proletarizadas las élites y ha pervertido sistemáticamente el pensamiento y el juicio de las masas.

El destino de los intelectuales

Por otra parte, mientras las élites naturales estaban siendo destruidas, los intelectuales asumieron una posición más prominente y poderosa en la sociedad.  En efecto, en gran medida han conseguido su objetivo y se han hecho la clase dirigente, controlando el Estado y funcionando como jueces monopolísticos.

(…) los intelectuales son ahora típicamente empleados públicos, aunque trabajen para instituciones o fundaciones nominalmente privadas.  Casi completamente protegidos de los caprichos de la demanda del consumidor (“tenured”), su número ha aumentado dramáticamente y su compensación está, por término medio, muy por encima de su valor genuino en el mercado.

Al mismo tiempo ha caído constantemente la calidad de la producción intelectual.

Lo que descubriremos es, sobre todo, irrelevancia e incomprensibilidad.  Peor, allí donde  la producción intelectual de hoy sea {3} en absoluto relevante y comprensible, es viciosamente estatista.

Hay excepciones pero, si prácticamente todos los intelectuales son empleados en las diferentes ramas del Estado, no debería ser sorprendente que la mayor parte de su más voluminosa producción, por comisión u omisiíon, sea propaganda estatista?  Hay más propagandistas del gobierno democrático hoy que propagandistas de la monarquía en toda la historia humana.

(…)

Historia e ideas

La situación parece desesperada, pero no es tanto.  Primero, se debe reconocer que la situación no puede continuar para siempre.  A la época democrática le cuesta ser “el final de la historia” como los neoconservadores quieren que creamos, porque también hay un lado económico del proceso.

Las intervenciones de mercado causarán inevitablemente más problemas que los que se supone curan, lo que nos llevará a más y más controles y regulaciones hasta que lleguemos al socialismo auténtico.  Si la tendencia actual continúa, se puede predecir sin peligro que, el Estado benefactor democrático occidental sufrirá un colapso final como sucedió a las “repúblicas populares” orientales a finales de los años 1980.  Durante décadas, los verdaderos ingresos en occidente han estado estancados o hasta han caído.

La deuda pública del gobierno y el costo de los esquemas de seguros sociales han provocado la perspectiva de una crisis económica.  Al mismo tiempo, el conflicto social ha llegado a alturas peligrosas.

Quizás tendremos que esperar un colapso económico antes de que la actual tendencia cambie.  Pero aún en el caso de un colapso, es necesario algo más.  Una crisis económica no causaría automáticamente un retroceso del Estado.  El asunto podría ser peor (…)

… el curso de la historia está determinado por ideas, sean éstas verdaderas o falsas, y por hombres que actúan inspirados por ideas, verdaderas o falsas.

Pero mientras las falsas gobiernen la catástrofe es inevitable.  Por otra parte, una vez que las ideas correctas sean adoptadas y prevalezcan en la opinión pública –y las ideas pueden ser, en principio, cambiadas casi al instante– la catástrofe no tendrá que ocurrir.

El papel de intelectuales

Esto nos trae al papel que los intelectuales deben jugar en el cambio necesario, radical y fuindamental, en la opinión pública y el papel que tendrán que jugar también los miembros de las élites naturales, o lo que quede de ellas.  Las cargas en ambos lados son pesdas, tan pesadas como lo son el prevenir una catástrofe o surgur con éxito de ella; estas cargas tendrán que ser aceptadas por las élites naturales e intelectuales como su deber natural.

Incluso si la mayor parte de los intelectuales están corrompidos y son en gran parte responsables de la perversión actual, es imposible conseguir una revolución ideológica sin su ayuda.  La tiranía de los intelectuales públicos sólo al pueden romper intelectuales anti-intelectuales …

El papel de las élites naturales

Precisamente aquí entra en juego lo que queda de las élites naturales.  Los intelectuales verdaderos (…) no pueden hacer lo que tienen que hacer sin ayuda de las élites naturales …

En alguna época, en la edad predemocrática, cuando el espíritu de igualitarismo no había destruido aún la mayoría de los ricos con mente y juicio independientes, esta tarea de apoyar a intelectuales impopulares fue llevada a cabo por estos individuos …

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NOTAS DE EDICIÓN:

{1} La traducción original dice aquí: “se aclara por qué la humanidad, en la medida en que fue susceptible de gobierno en todo ha estado bajo la férula monárquica” pero hemos realizado una corrección más acorde con el sentido del texto en inglés (“susceptible de gobierno en absoluto”:  “Once the origin of a state is seen as the outgrowth of a prior, hierarchically structured order of natural elites, it becomes clear why mankind, insofar as it was subject to government at all, has been under monarchical (rather than democratic) rule for most of its history.”

{2}  Ver, para una exposición islámica acerca de la noción de una ley sagrada en el Islam, y su diferencia con el cristianismo: Seguir la Ley Sagrada o Estar a la Altura de los Tiempos.

{3} Corregimos en esta frase la traducción original al español, que dice:  “Peor, mientras que la producción intelectual de hoy es en absoluto relevante y comprensible, es viciosamente estatista” por ir contra el sentido de lo expresado por el autor inmediatamente antes.  La confirmación de nuestra corrección puede observarse en el original, que dice:

“Almost completely protected from the vagaries of consumer demand (“tenured”), their number has dramatically increased and their compensation is on average far above their genuine market value. At the same time the quality of their intellectual output has constantly fallen.

What you will discover is mostly irrelevance and incomprehensibility. Worse, insofar as today’s intellectual output is at all relevant and comprehensible, it is viciously statist”.

___________

El artículo original en inglés, completo,  se puede ver en:

Natural Ellites, Intellectuals and the State

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Sultanes, Reyes, Monarquía y Democracia

Democracia, el engaño más grande

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En el Nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo

Hans Hermann Hope, autor de ‘Democracy — the god that failed: the economics and politics of monarchy’ (2001), es un economista libertario sumamente controvertido que ha analizado en varias ocasiones el funcionamiento de las formas de gobierno y, desde sus premisas conceptuales, ha dirigido incisivas y férreas críticas a la democracia misma en tanto que forma de gobierno.

Menciona -razón única por la cual el autor del blog lo considera de cierto interés- que comparativamente la democracia es inferior a una monarquía, si bien finalmente decanta su preferencia por una forma especial de anarquismo.

A continuación, y deslindándonos no obstante de su libertarianismo (oh, académicos, que quieren diseñar las sociedades y el mundo desde sus artificiales y cómodos escritorios), reproducimos con todo por su interés íntegramente su texto: ‘¿Por qué los malos gobiernan?’ (artículo original: Why Bad Men Rule, LewRockwell.com, Nov. 8, 2004; traducción de Rodrigo Betancur).

Es decir, por qué, en una democracia, estamos invariablemente condenados a que los peores sean quienes gobiernen.

Un texto que bien podría complementarse con este otro: Democracia y Capitalismo.

¿Por qué -me pregunto- del hecho de que las democracias son las formas de gobierno casi universalmente en uso, deberíamos derivar en absoluto, en cuanto a nuestra inteligencia política, la ‘aceptación’ moral y politológica de dicha tragedia?  ¿Acaso no es el reconocimiento del mal de la democracia misma un principio de acción a futuro, independientemente de lo que, contingentemente, debiera una persona hacer mientras aún subsista este engaño? ¿Acaso podría haber orientación política seria si, al menos en el plano de los reconocimientos de base, no tenemos claridad sobre la falsedad de tales sistemas?  Basta de auto-engaños por amor a la fatalidad.  Ésa, precisamente, es la trampa de la que se nutre la fatalidad auto-generada.

* * * * * * *

POR QUÉ LOS MALOS GOBIERNAN

 

Una de las tesis más extensamente aceptadas entre los economistas políticos es la siguiente: Todos los monopolios son malos desde el punto de vista de los consumidores. Por monopolio se entiende, en su sentido clásico, como un privilegio exclusivo otorgado a un productor unico de un bien o servicio, o sea, como la ausencia de entradas libres en una línea particular de producción. Es decir, sólo una agencia, A, puede producir un bien dado, X. Cualquier monopolio es malo para los consumidores porque, protegido de nuevos participantes potenciales en su área de producción, el precio del producto X será más alto y la calidad más baja que si fuera de otro modo.

 

Esta verdad elemental ha sido invocada con frecuencia como un argumento a favor del gobierno democrático como opuesto al gobierno clásico, monárquico o señorial. Porque bajo la democracia la entrada al aparato gubernamental es libre –cualquiera puede llegar a ser primer ministro o presidente – mientras que bajo la monarquía está restringido al rey y su heredero.

 

Sin embargo, este argumento en favor de la democracia adolece de fallas fatales. La entrada libre no siempre es buena. Libertad de entrada y competencia en la producción de bienes son buenas, pero en la producción de algo malo no lo son. Libertad de entrada en el negocio de torturar y matar inocentes, o la libre competencia de falsificar o estafar, por ejemplo no son buenas; es peor que malo. ¿Así que qué tipo de “negocio” es gobernar? La respuesta: no es un productor usual de bienes en venta a consumidores voluntarios. Por lo tanto es un “negocio” dedicado a robar y a expropiar – por medio de impuestos y falsificación – y a guardar para sí los bienes robados. De ahí que, la libertad de entrar en el gobierno no mejora algo bueno. En realidad, hace las cosas peores, es decir, agrava lo malo.

 

Desde que el hombre es como es, en toda sociedad existen personas que codician la propiedad de los demás. Algunas personas están más inclinadas a este sentimiento que otras, los individuos aprenden generalmente a no actuar bajo tales pasiones y aún más, se sienten avergonzados de tenerlas. Ordinariamente pocos individuos son incapaces de suprimir exitosamente sus apetitos por la propiedad de otros, y son tratados como criminales por sus congéneres y reprimidos bajo la amenaza del castigo físico. Bajo el gobierno señorial, sólo una sola persona – el príncipe – puede actuar legalmente bajo el deseo por la propiedad de otra persona, y esto es lo que lo convierte en un peligro potencial y en un “malo”.

 

Sin embargo, un príncipe es restringido en sus deseos de redistribución porque todos los miembros de la sociedad han aprendido a considerar el tomar y redistribuir la propiedad de otras personas, como vergonzoso e inmoral. Por consiguiente miran cada acción del príncipe con sospecha suprema. En claro contraste, al abrir la entrada en el gobierno, a cualquiera le es permitido expresar libremente su deseo por la propiedad de otros. Lo qué era considerado

anteriormente como inmoral y por consiguiente suprimido, es ahora considerado como un sentimiento legítimo. Todos pueden codiciar abiertamente la propiedad de otros en nombre de la democracia; y todos pueden actuar bajo este deseo por la propiedad de otros, siempre y cuando logren entrar en el gobierno. De ahí que bajo la democracia cualquiera puede llegar a ser una amenaza.

 

En consecuencia, bajo condiciones democráticas, el popular deseo por la propiedad de otra persona, aunque inmoral y antisocial, es sistemáticamente reforzado. Toda demanda es legítima si es proclamada públicamente bajo la protección especial de la “libertad de expresión”. Todo puede ser dicho y reclamado, y todo está a disposición de cualquiera. Ni siquiera el aparentemente seguro derecho de propiedad privada está exento de alguna solicitud de redistribución. Peor aún, mediante elecciones populares, aquellos miembros de la sociedad con poca o ninguna inhibición para hacerse a la propiedad de otras personas, eso es amorales habituales, con gran talento para obtener las mayorías populares para una multitud de demandas moralmente irreprimidas y mutuamente incompatibles (demagogos eficientes) tenderán a ganar entrada y ascenso a la cima del gobierno. De ahí que, una situación mala llega a ser todavía peor.

 

Históricamente, la selección de un príncipe fue por el accidente de su nacimiento noble, y típicamente el único requisito personal fue su educación como futuro príncipe y custodio de la dinastía, su posición, y sus posesiones. Esto no aseguraba que un príncipe no fuera malo y peligroso, por supuesto. Sin embargo, vale recordar que todo príncipe que fallaba en su deber primario de preservar la dinastía – que arruinaba el país, que causaba inestabilidad, confusión y disensión civil, o que de cualquiera forma pusiera en peligro la posición de la dinastía – encaraba el riesgo inmediato o bien de ser neutralizado o de ser asesinado por otro miembro de su propia familia. En todo caso, sin embargo, incluso si el accidente del nacimiento y educación no impidiera que un príncipe quizás fuera malo y peligroso, el accidente de un nacimiento noble y una educación magnífica tampoco impedía que fuera un diletante inocuo o aún una persona buena y moral.

 

Por lo contrario, la selección de gobernantes por medio de elecciones populares hace casi imposible que una persona buena o inocua pueda jamás subir a la cúspide. Primeros ministros y presidentes son escogidos por su eficiencia probada como demagogos moralmente laxos. Por lo tanto la democracia asegura virtualmente que sólo personas malas y peligrosas suban al más alto gobierno. Efectivamente, a consecuencia de la libre competencia y selección políticas, los que suben llegan a ser individuos cada vez más malos y peligrosos, pero como vigilantes transitorios e intercambiables sólo en pocas ocasiones son asesinados.

 

No puede haber mejor cita que la de H.L. Mencken en este contexto.

 

Los políticos,” dice con su agudeza típica, “nunca o rara vez logran [el cargo público] por mérito solamente, por lo menos en estados democráticos. A veces, claro está, sucede, pero sólo por un milagro especial. Normalmente son escogidos por razones bastante diferentes, la principal de las cuales es simplemente su poder de impresionar y hechizar a los marginados intelectuales….

¿Acaso alguno de ellos se aventura a decir la verdad simple, toda la verdad y nada más que la verdad acerca de la situación del país, sea éste extranjero o doméstico? ¿Se abstendrá de hacer promesas que sabe que no puede cumplir – que ningún humano podría cumplir? ¿Pronunciará una palabra, por obvia que sea, que alarme o enajene a cualquiera de la inmensa mayoría de imbéciles que se arraciman en la coyuntura pública, revolcándose en la papilla cada vez más y más delgada, esperando que llegue lo que no ha de llegar?

Respuesta: puede ser cierto, pero sólo por unas pocas semanas al comienzo….

Pero nunca después que el asunto se ha debatido suficientemente, y la lucha está en su punto álgido….

Prometerán a cada hombre, mujer y niño en el país, cualquier cosa que quieran oír. Recorrerán los campos en busca de oportunidades de hacer rico al pobre, de remediar lo irremediable, de asistir al que ya ni siquiera necesita socorro, de descifrar lo indescifrable, de desinflamar lo ininflamable. Todos estarán curando verrugas con palabras mágicas y saldando la deuda pública con dinero que nadie tendrá que ganar. Cuándo uno de ellos demuestra que dos veces dos son cinco, otro demostrará que son seis, seis y una mitad, diez, veinte, N.

Para abreviar, se despojarán de su carácter de hombres sensatos, sinceros y veraces, y se convertirán simplemente en candidatos para el oficio, centrados solamente en arrinconar votos. Todos sabrán en ese entonces, suponiendo que algunos aún no lo saben, que los votos se obtienen en la democracia, no con palabras coherentes y juiciosas sino hablando tonterías, y se aplicarán al trabajo con entusiasmo, cantando y bailando. La mayoría, antes que el alboroto termine, ya estarán realmente convencidos. El ganador será quien haga la mayor cantidad de promesas con la menor posibilidad de cumplir“.

 

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