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Archive for the ‘Shariah’ Category

En el Nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo

A propósito de la exposición de la necesidad de la Ley Divina y la Justicia para el ser humano que dos grandes maestros espirituales exponen en la Revista Otomana Osmanli Yildirim N° 5, cuya exposición muestra la sabiduría de la Ley Divina en sí misma.

El Islam tradicional, ortodoxo, clásico, se aprende mediante el seguimiento -taqlid- estricto de una de las Cuatro Escuelas clásicas de Derecho islámico, bajo un aspecto, y bajo otro, complementario e inseparable del anterior, si bien a la vez ‘catapultador’ hacia realizaciones meta-legales del espíritu {que no hay que confundir con realizaciones ‘derogatorias’ de la Ley}, se aprende a través del seguimiento de un Maestro espiritual de la instancia de la sapiencialidad sufi -con quien se completa el conocimiento necesario para, mediante el ejercicio ponderativo de la razón práctica resultante de un proceso de paideia, aplicar de modo balanceado y virtuoso la Ley y su Espíritu en un muy concreto-aquí-y-ahora que sin embargo no responde en absoluto a una lógica ‘acomodaticia’ o ‘claudicadora’, esto es, inauténtica, sino que responde a una lógica de intensa búsqueda de autenticidad en el sometimiento a Dios.

Queda por ende fuera del Islam rectamente entendido (del Islam, que en estricto, hay un solo) el shiismo, el wahabismo, el salafismo, el qutbismo, el binladenismo, Hamas, Fatah, Hermanos Musulmanes, Hiz ut Tahrir, el feminismo, el secularismo, el capitalismo, comunismo, socialismo, el anarquismo “islámicos” y demás jungla de desviaciones y lastres que han surgido en el mundo islámico tras la pérdida de la cohesión social y de horizonte de conocimiento que aún subsistía gracias al Califato Otomano.

No se identifique al autor, por tanto, con ninguna de estas extrañezas modernistas de un denominado Islam contemporáneo.

Ahora bien, para entender la lógica del funcionamiento del Orden social en un mundo auténticamente islámico hay que comprender algo: los equilibrios al interior de nuestra Tradición islámica.  La Espada de la Justicia que mantiene el Orden social, posibilitando el florecimiento de la fluidez de la vida alumbrada por la Misericordia de la Barakah Divina de quienes como siervos de Dios se vuelven a la construcción de un mundo común erigido sobre la lealtad a nuestro compromiso con el Creador, glorificado sea.

El tema de la temida ‘justicia’ de la shariah islámica.  Un asunto largamente explotado por una percepción caricaturizada de la Ley Islámica como algo de otro absoluto, ajeno al Yo superior de Occidente y su ‘ley angélica’.

El ‘pluriculturalismo plano’ (al estilo de la lógica universalista de los Derechos Humanos fabricados en la ideología secularista occidental) que es en el fondo muy monoculturalista [los hechos de la globalización hablan por sí mismos], parece necesitar que lo que queda fuera de su fórmula sea presentado como horrendo, a fin de justificar -por vía meramente emotiva, que no racional- la exclusión que necesariamente realiza.

Dicho pluriculturalismo olvida que una Tradición como el Islam puede perfectamente contener en sí misma mecanismos de auto-regulación de los excesos o desórdenes sociales (en condiciones, claro, que sólo surgen bajo el presupuesto de un mínimo de ‘orden cultural-societal’ que le permite expresarse plenamente, que es justamente lo que queda impedido y queda destruido por la potencia político-militar de las naciones de ‘discursos liberales’).

Mecanismos de equilibrio que en Occidente pueden ser pura y simplemente desconocidos, toda vez que sólo son posibles en horizontes espirituales marcadamente no secularistas, no obstante dotados de sentido armónico en el mundo de quienes construyen su vida en común vueltos alrededor del Único.

En cuanto al famoso y tan temido derecho penal islámico (las lapidaciones, el castigo de la blasfemia, etc.), quedando entendido -por la definición dada previamente de lo que ha sido y es el Islam tradicional, así como por esta nota sobre las condiciones de realización relativamente plena de los auto-equilibrios, se ofrece a continuación apenas un ejemplo gráfico de aquello a lo que me refiero.

Espero que el lector pueda sospechar, después de ello, que Islam … no requiere de fallidos y funestos mecanismos liberales para ser, como es, sublime para el ser humano.

Lo que un mundo islámico tradicional necesita, en esta época, en la que los proyectos denominados islamistas son copia en reverso de los mismos males autoritaristas y totalitaristas de los proyectos políticos de la modernidad de Occidente, vestida bajo ropaje alegadamente islámico, no es una interferencia enajenante y torcedora, torpe, del humanismo secularista (o sus fuerzas militares prestas a controlar los recursos de las naciones islámicas), sino precisamente … revigorizarse, limpiarse y reconstruirse sobre la base de la fuerza de su propia tradición, del Islam prístino, Ahlus Sunnah wal Yamaah en el Islam Tradicional.

El ejemplo (de un sohbet de Maulana Shaykh Nazim en Mercy Oceans Book 2), es a propósito de la lapidación (nótese que este castigo, no obstante jamás poder considerarse derogado pues nadie tiene autoridad para modificar la Ley Divina, cuya virtud amenazante debe permanecer en consideración de las potencias nefastas de los egos cuando se dejan librados a la tiranía de los demás por el dictado de las pasiones propias, durante largo tiempo en las cortes otomanas fue una práctica más como la espada de Damocles que como una ocurrencia efectiva).  Y téngase presente que la solución efectiva se produce en virtud  a los mecanismo de auto-equilibrios que funcionan en base a las dos instancias, la Ley y la instancia sapiencial que la presupone.  El qadi y el wali, o más bien, el qadi que aprende a los pies de un wali.

 De su sohbet:

“We are asking Islam with every means to make love strong between people, bringing them nearer to each other.  Everything making them far apart is prohibited.

Allah likes to cover our sins and likes his servants to cover them also. The Prophet says there is a curse for the fifth witness. The worst action for people is adultery and it carries the severest punishment. For two persons married to others it is death. But there must be four witnesses. How will they witness? The judge will call them one at a time while the others wait outside.

He asks the first if he was witness to fornication. He says «Yes». «Are you sure?» «Yes, I saw them.» «Did you run your hand between them and feel something like a knife in its sheath?» «No.» «Then go away, get out.» All four witnesses come and go this way. For any other witnesses coming, a fifth or sixth, a curse is on them. Then the judge asks the accused: «What do you say?» It is best for them to say «No». (When a person came to the Prophet wanting to admit to adultery, the Prophet first

turned away his head, told him to go away, and when he persisted asked the sahâba if that person was mad, and only after all that carried out punishment.)

The judge says: «It is harâm -forbidden- to be alone with a strange woman. No death punishment, but you must know that this leads to fornication. Be careful.» Then he may give them any other punishment, so that they may remember.

This keeps people honourable in front of everyone.

Perhaps we may see such a thing, but we must keep our eyes. Don’t be witness for sins. If seeing, think of another thing.

One learned man was passing with his students by a ruined place. A man and woman were together

in there. The students ran to catch them, but the sheikh came with his coat and covered them, saying:

«This poor man and his wife have no roof to be under. Leave them.»

El control autónomo e interno en el Islam de los propios desórdenes societales descansa sobre la base de una soberanía fuerte de un gobierno central Califal que en su reverso tiene la presencia viva y fuerte de las tariqas -fraternidades, órdenes- sufíes.  Éstas son las bases de la brillantez del gobierno islámico, como en el caso otomano.

Un mundo de la vida como el Islam no es ‘estructuralista’ (ninguno ajeno a las desviaciones modernas lo es), por lo que es -curiosamente y bajo aspectos relevantes- mucho más personalista que el mundo de gobiernos-estructura, leyes y no juristas, códigos y no jueces, aparato estatal y no gobernantes (por decirlo así, sin que, obviamente, pretenda decir que no hay ‘instituciones’).  Es un mundo más próximo de las personas entre sí, menos segmentado y automatizado que las sociedades modernas estatalistas de códigos  y normas del Ejecutivo.

La Ley Divina tiene por ende un rostro más cercano a la sabiduría del aquí y ahora que cualquier sistema jurídico o judicial de una entidad estructuralista como el estado contemporáneo.

Y nunca deja de ser como es, divinamente establecida hace más de 1,400 años atrás, como un tesoro que los cualificados en la misma, por expansión del corazón en el pecho (como dice el Sagrado Corán) son capaces de mostrar en cada época y momento según como corresponde de modo óptimo y fiel.

El ser humano es capaz de contener una realización superior a los ángeles, o un mal más nocivo que el de los animales, y es de sabiduría que en las pautas de la comunidad de los seres humanos se establezca el modo de proteger a cada ser humano de la destrucción de los dragones que guarda, para lo cual una espada de Damocles poderosa se cierne sobre dicha posibilidad, y, a la vez, por cada restricción profiláctica corta, se ofrece díez avenidas amplias de libre discurrir para el espíritu.

De ese modo, la Ley es justa, la Misericordia es grande, y la Misericordia precede a la Justicia, como la precede en el Orden Divino y en el corazón de nuestro amado Profeta (saaws), el Justo y, por ello mismo, el Justo sin par de entre los seres humanos habidos o por haber.

Salams.

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