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Archive for the ‘Tradicionalismo’ Category

En el Nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo

 

Muchos en los círculos académicos, o incluso dentro del mundo islámico, pueden asombrarse de las graves palabras de un personaje prominente como Maulana Shaykh Nazim, uno de los líderes religiosos sunnis de mayor relevancia contemporánea, cuando comenta, a propósito de las revueltas árabes contemporáneas, acerca de un gran cambio insperado que se avecina, distinto por cierto a las expectativas que desde Occidente la ONU o la Casa Blanca podrían estar albergando. 

Resulta evidente que las multitudes están agitando desordenadamente sus pasiones -además, en cualquier sentido, menos en el de regresar a las Leyes o el Nomos Islámico- movidos por la ideología anti-islámica de la democracia.  Y azuzados por actores externos, también, sumamente interesados en las ganancias que pueden realizar ‘a río revuelto’.  Hasta aquí, todo iría ‘viento en poca’ para el liberalismo decididamente anti-tradicional.
Pero lo que hay, al fondo de ello, es una profunda insatisfacción con el status quo.
Y entendámonos: el status quo político, social y económico de los países de Medio Oriente, por mucho que se haya oído lo contrario, NO ES ISLÁMICO sino, por el contrario, marcadamente ajeno al Islam.
Desde la pérdida del Califato Islámico, esto es, el Califato Otomano, la división ocurrida en la Ummah del Islam en decenas de países estado y en nacionalismos divisionistas, la pérdida de todo poder conjunto en el escenario internacional, la generación de una Torre de Babel ensangrentada y míseramente corroida, las luchas intestinas religiosas y las incursiones erosionantes marcadamente anti-islámicas del secularismo y el relativismo narcicista del hombre ‘moderno’, allí donde antes hubo un Nomos Islámico Pluricultural, si algo dejan ver, es precisamente la historia de una traición a la identidad y el Camino propios, la historia de un profundo error, cuyas sangrientas consecuencias han explotado en la escena contemporánea.
La insatisfacción en Medio Oriente se produce en momentos en que hay muestras cada vez más claras de islamofobia grotesca en el Occidente (como la quema del Sagrado Corán, las caricaturas nefastas contra el Bendito Profeta Muhammad -la bendición y la paz de Dios sean sobre él-, la prohibición del velo en los lugares públicos, la prohibición de construcción de mezquita con minaretes, etc.).
La insatisfacción que explota hoy en Medio Oriente, y que reclama por lo pronto como soluciones políticas fórmulas surgidas en la historia política no islámica del Occidente, no puede dejar de advertir, por cierto -como muestra el antiamericanismo o el antisionismo tan extendido en tales tierras- las realidades de grotestos actos de interferencia colonialista en los asuntos de los musulmanes, tales como las guerras norteamericanas y europeas conducidas por la ambición del petróleo, la hipocresía de Occidente cuando se trata de la posesión de armas nucleares por Israel, o la condición de ‘títeres’ que tienen los tiranos de turno de Medio Oriente.
Esta insatisfacción en Medio Oriente, asimismo, aunque hoy reclame -por la fuerza del indoctrinamiento foráneo recibido durante décadas- soluciones reprobables para el Nomos Islámico, tales como las fórmulas relativistas y nihilistas de las elecciones democráticas, no puede dejar de advertir el carácter profundamente débil y altamente riesgoso de los cimientos del poderío foráneo que las poblaciones árabes admiran y a la vez rechazan: nos referimos a la debilidad radical de una economía del dinero inexistente -el dinero fiat, electrónico, en lugar del dinero de valor real, oro y plata, conforme a la Legislación Económica del Islam- que sirve como plataforma general de las ‘luces’ del mundo alterno, el primer mundo.
Es muy conocido que en las tierras islámicas hay una mirada hipnotizada que se dirige hacia países como Estados Unidos o Europa, pero también es patentemente claro el sentimiento de que -como ocurre con la súplica de Turquía respecto a su nunca concedido ingreso a la Unión Europea- el mundo islámico recibe un tratamiento o bien paternalista en el mejor de los casos, o bien hipócrita, interesado y, cuando se necesita, cruel y bélico por parte de los círculos de poder de la economía y de los países a quienes en principio se admira. 
Lo que dejamos anotado aquí, como preludio, son estas dos almas.  Dos sensaciones.  Dos fuerzas distintas. 
Y una insatisfacción árabe, no obstante, radical y común contra el status quo … por parte de poblaciones que por generaciones han vivido en el Islam tiempos e inclusive glorias mejores.
¿Estamos a las puertas de un gran cambio?
Nadie menos que Maulana Shaykh Nazim, descendiente de sangre del Profeta del Islam -saaws-, heredero del legado prolífico otomano, gnóstico de un calibre singular, conocido de hecho como el Qutb al Islam o el Polo Espiritual del Islam de esta época, nos indica precisamente la inminencia de un enorme cambio.
Su fuente: no pertenece ciertamente a los libros, o las noticias, o las universidades.  El Qutb del Islam navega en un océano de intelecciones de orden enteramente distinto, tras la conquista de la cima de la servidumbre del alma rendida a su Señor.
* * *

Shaykh Nazim al Haqqani

 

“Tayeb (el Primer Ministro Turco) está controlado por el ejército.  El ejército le dice que no interfiera en Libia.  No es por asuntos de negocios que él no quiere interferir.  Es un asunto delicado que nadie conoce. 

Si él ayudara a los rebeldes libios a ganar, ellos querrían traer de nuevo al rey (de Libia).  Esto establecería un mal ejemplo para los turcos porque los turcos tampoco están contentos con la situación en Turquía.  La mayoría querría tener de nuevo un rey en su país.  Por esta razón, el ejército no apoya la revolución en Libia.  Nadie sabe esto.  Nadie lo sabe.  Éste es el secreto. 

De otro modo, los turcos acabarían en un solo día con esto (la tiranía de Qaddafi).  Él (Tayeb) podría enviar el ejército con aviones. 

¿Dónde está Qaddafi? ¿Acaso él tiene algo más poderoso?  Pero esto es algo muy importante, porque cuando Qaddafi se vaya, vendrá un rey y esto establecerá el ejemplo ideal para los demás. 

Un Sultán Turco Otomano regresará a Turquía.  Debe ser así ya que Sahib Al Zaman (el Imam Mahdi, la paz sea con él) debe recibir las Amanat (las reliquias sagradas del Santo Profeta -saaws- que están conservadas en el palacio Topkapi en Estambul) de la mano de Sultán Selim en Estambul …

Éste es el secreto.  Y por esa razón no quieren que el Sultán regrese; de modo modo, quien haya de venir vendrá.

Los turcos siempre pueden buscar su propio beneficio quien quiera que sea el que gobierne allí.  Pero éste es el punto principal del regreso del Reinado a Trípoli.  Esto significa que la Shariat de Allah regresará en el Reinado.  Ésta es una invitación, si el mundo entero la acepta.  Pero todos están contra la Shariat, los Árabes y los Turcos.  Mentirosos son aquellos musulmanes que no aceptan el gobierno de las Leyes de Dios sobre ellos.

No hay un solo erudito islámico (‘alim) que hable acerca de estos asuntos de Oriente a Occidente en la nación islámica ni fuera de ella.  Nadie tiene ese conocimiento.  Éstas son inspiraciones, y son instrucciones de los Cielos, de parte de nuestra Cadena Dorada -el Linaje de Maestros Naqshbandis- de modo que la gente no sienta que han sido despojados de la misericordia de Dios Todopoderoso y de Su Profeta (saaws); de modo que la gente no sienta que ha sido separada de la Misericordia Divina.  La Verdad debe estar siempre en el punto más elevado”.

Palabras del Maestro sufi turco-chipriota, Maulana Sheykh Nazim (qs), del 6 de abril de 2011. 

Vínculo relacionado (palabras suyas dichas antes del inicio de las revueltas árabes):

Las llamas de Medio Oriente nos llevan hacia un final.

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En el Nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo

En la amplia fronda de la mística o la gnosis islámica, dentro de vergel exhuberante de los que ingresan a la realización espiritual, junto con las estaciones espirituales que se recorre en el Camino, existe asimismo una diferencia de grados entre los Conocedores en su relación con la Realidad o, más propiamente dicho, con Dios o Allah, subhana wa ta’ala.

A continuación, se expone una breve mirada a los grados de los Conocedores en el Islam, expuesta por uno mismo de entre ellos, Shaykh Ahmad Ibn Ayiba (1747-1809), en su clásico Libro del Sufismo (Kitab at-Tasawwuf):

* * *

En cuanto a los Sâlijûn son aquellos que han depurado sus acciones externas, y han rectificado sus estados interiores.

En cuanto a los Âwliyâ, estos son la gente de la Ciencia de Allah, con la calificación de la visión del cara a cara, esta e la cercanía. Y se ha dicho:

En cuanto a los Budalâ, son aquellos que cambian los defectos por las virtudes, y que cambian sus cualidades por las cualidades de su Amado.

En cuanto a los Nuqabâ, son aquellos que dejan atrás el universo y salen al espacio de la contemplación del Formador de los mundos.

En cuanto a los Nuÿabâ, son los que preceden en el conocimiento hacia Allah, a causa de su nobleza, y son la gente de la diligencia y el talento entre los muridines.

En cuanto a los Âwtâd, son aquellos que están asentados en el conocimiento de Allah, y son cuatro, que son los cuatro pilares del universo.

En cuanto al Qutb, es aquel que se yergue con la verdad del universo y con el Formador del universo, y es uno, y es aquel aquel que ha realizado un Maqâm [una estancia espiritual específica].

Según esto pueden ser considerados en un tiempo único distintos Aqtâb [plural de Qutb] en diferentes estados, rangos, y ciencias. Se ha dicho Fulano es qutb en las ciencias, o qutb en los estados, o qutb en los rangos, si predomina en él alguna de estas cosas.

Si hablamos del Maqâm que no puede ser descrito más que como único, este es expresado con el término de Ghawz [o Qutb al Aqtab, el Polo de los Polos]; de él proviene el auxilio espiritual a los círculos de los Awliya; de él es el Imamato, la herencia, el califato interior, él es el espíritu del universo el cual gira a su alrededor.

Tal como se expresa cuando se dice de él que es la “pupila del ojo”; no conoce esto sino aquel que posee justicia, rectitud, y posee parte del secreto de la permanencia en Allah.

Por lo que se refiere a su denominación con el término de Ghawz se hace referencia al amparo que supone para los mundos debido a la especificidad de su sustancia y de su rango espiritual. El posee signos por lo que es reconocido.

Dijo el famoso qutb Abu-l-Hasan ash-Shâdzlî (que Allah esté complacido con él):

“el qutb tiene quince signos, quien los reivindique en su totalidad o en parte, que lo demuestre.  Prolongación de la rahma, la infalibilidad, el califato, la representatibilidad, y hamala al-‘arsh al-‘adîm, y le es revelado el núcleo de la realidad de la Esencia, y el dominio de las Cualidades, y es honrado con la sabiduría y la acción(?) entre las dos existencias, wa infisâl al-âwal ‘an al-âwal wa man ‘anhu ilà muntahâhu wa mâ zabat fîhi, y la sabiduría de lo que es anterior, y la sabiduría de lo que es posterior, y de lo que no tiene ni anterioridad ni posterioridad. Has de conocer lo que es el principio: este es la Ciencia que abarca todas las ciencias, y todo lo conocido está subordinado a ella (la Ciencia)”.

El signo primero es:

1) que esté revestido por las cualidades de la rahma [misericordia], según lo heredado del Profeta (s.a.s. – que la bendición y la paz de Allah sean sobre él); convirtiéndose en poseedor de la benevolencia, de la compasión, de la piedad, del perdón, de  la inteligencia, de la prudencia, de la existencia, y de la valentía, tal como lo fue su heredero ([aquel a quien hereda, el Mensajero de Allah Muhammad, s.a.s.).

El signo segundo es:

2) que le sea concedido el favor de la infalibilidad, que es la preservación iláhica y la infalibilidad señorial, tal como fue heredado por el Profeta (s.a.s.); no obstante esto es una obligatoriedad en los profetas, mientras que en los awliya es algo posible, y se le denomina “preservación” (hifd), con la que no va más allá de ningún límite ni traiciona ningún pacto.

El signo tercero es:

3) el califato: que consiste en ser califa [Khalifa, representante] de Allah en la tierra, siendo Amin [digno de confianza] para todas las criaturas de acuerdo al califato profético; le han reconocido como jefe los espíritus, y le han obedecido los cuerpos.

El signo cuarto es:

4) la delegación, la representación: que consiste en ser representante o delegado de la Verdad, en la gestión y dirección de las leyes, en la medida de las exigencias de la sabiduría iláhica [sabiduría divina]; en realidad no existe más que el poder eterno.

El signo quinto es:

5) que propicie el auxilio propio de los portadores del Trono en cuanto a alimentos y a proximidad, pues él transporta el Trono de los universos, de la misma manera que los Malaikas [ángeles] portan el Trono del Rahman [del Misericordioso, Allah glorificado sea].

El signo sexto es:

6) le es revelada la realidad de la Esencia, y se convierte en un gnóstico de Allah ma’rifa al-‘iyàn. En cuanto al que es ignorante de Allah, no tiene ninguna participación en la función del qutb.

El signo sétimo es:

7) le es revelado el carácter oceánico de las Cualidades de Allah abarcando a las criaturas, pues no hay Formador más que Él, fundamentador de las Cualidades y de los secretos de la Esencia. El conocimiento del qutb del carácter abarcador de las Cualidades, es más perfecto que el de otro, pues su conocimiento es en realidad una cuestión de saboreo y no de razonamiento.

El signo octavo es:

8 ) que sea ennoblecido con el gobierno y la discriminación entre las dos existencias, es decir entre la existencia primera antes del taÿallî, [la manifestación divina] lo cual es designado con el término Eternidad, y tesoro antiguo; y entre la segunda con la que aconteció el taÿallî, y la separación entre ambas dos. Haz de saber que la primera es rububía, sin ‘ubudía, significado espiritual sin sensorio, poder sin relación causa efecto, a diferencia de la segunda la cual es descrita como la oposición entre los contrarios: rububía y ‘ubudía, significado espiritual y sensorialidad física, poder y relación causal, para que así se realice Su Nombre ad-Dâhir [el Nombre de Allah, el Externo], y Su Nombre al-Bâtin; [el Nombre de Allah, el Interno] los contrarios pertenecen al ámbito del taÿallî. En cuanto a la Grandeza abarcadora es lo que permanece oculta en ella, es la que permanece en su origen (?). Comprende.

Signos 9 y 10:

que sea ennoblecido con el gobierno con la separación primera de la primera.

En cuanto a lo significado por biinfisâl al-Âwal: es la separación de la Luz de al-qabda (el Puño) de la Luz eterna oculta, que es el océano del Yabarût.

Lo significado por infasala ‘anhu (se separó de él): lo que se ramificó del qabda hasta su finalización, en cuanto a las ramificaciones de los Tayalliat, es decir en el estado presente; en cuanto al futuro no hay fin para él, porque los Tayalliat de lo Real no cesan nunca, pues cuando pasa esta existencia mundanal, se manifiesta con la existencia en la Otra vida, y no hay final para él.

El signo número 11 es:

que conozca aquello que permanece, que perdura en los separados, tanto en las apariencias como en en los prodigios, o lo opuesto a aquello, es decir en la totalidad, y en cuanto a la particularización, pertenece al ámbito de la rubûbîa.

El signo número 12 es:

que posea el conocimiento de la anterioridad, es decir antes del Taÿallî y su sabiduría, así como el Tançîh absoluto [la trascendencia absoluta], porque este permanece oculto en su interioridad sin que llegue a formar parte de los opuestos.

El signo número 13 es:

que posea el conocimiento de la posterioridad, el cual consiste en conocer aquello que está impuesto (?) en la exterioridad de los límites, o de .os contornos (del mundo formal), establecido como la orden o la relación de sabiduría que gobierna las cosas, y conteniendo los secretos del Poder (qudra).

El signo 14 es:

que conozca aquello que no tiene ni anterioridad ni posterioridad, es decir aquello que a lo que no le precede nada ni le sigue nada, que es el Vino eterno, la Esencia original, tal como dijo ibn al-Fârid:

Esencia que no tiene anterioridad ni posterioridad
La anterioridad es el sello de todo contingente.

El signo 15 es:

obtener la Ciencia del comienzo, la intención u objetivo es alcanzar Su (t.) Ciencia Eterna, aquella que precede a las cosas antes de que estas sean. Aquella es la Ciencia oceánica que abarca a toda ciencia y a todo lo conocido, pues nada escapa a Su (t.) Ciencia, y toda ciencia y todo conocimiento está subordinado a Ella, esto es el secreto del Poder, del que Allah ha revelado partes al Qutb, pero no está condicionado su dominio o su perfección, a la generalidad y a las particularidades de las cosas, pues esto es una de las funciones de la Rubûbîa, pues Allah solo da a conocer acerca de partes específicas, determinadas.

A esto aludió el Shayj Abû al-‘Abbâs al Mursî (r.a.), cuando dijo: “No hay habido, ni hay, Walî de Allah del que no me haya sido informado en cuanto a su nombre, genealogía, o destino”; y dijo esto otro: “No hay semilla que asiente en los úteros, de la que Allah no me informe, y de si será varón o hembra”.

Esto es parte de la totalidad de los prodigios con los que Allah obsequia a algunos de sus Allegados, que pueden llegar a ser un Qutb perfecto, aunque sin saber sobre estas cosas, pero siempre es un gnóstico de Allah, bien asentado en la Gnosis. Si Allah quiere desvelarle algo de su reino lo hace, o puede que no lo haga.

Dijo el Profeta (s.a.s.), “Por Allah que yo no se más que aquello que mi Señor me enseña”, dijo aquello cuando su camella se extravió, y no sabía a donde había ido, después intervinieron alguno de los munâfiqîn acerca de este asunto, y a continuación Allah le enseñó.

En resumen: no es una condición que el Walî para ser Qutb posea el karisma del desvelamiento de lo oculto, pero Allah sabe más.

Que las Bendiciones y la Paz sean con nuestro señor Muhammad, su Familia y sus Compañeros.

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En el Nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo

Después de ‘El Mito Maligno de la Democracia’, proseguimos con un análisis ‘heterodoxo’ de los males intrínsecos a la Democracia.  Y, por supuesto, con nuestra selectiva selección, proceder nuevamente heterodoxo y no académico para las citas, de aquellas ideas de entre sus escritos a los que el autor del blog le puede otorga algún valor de reflexión serio, en medio de esta escasez tan terrible de pensamiento auténticamente valioso, y sin que avale por cierto aquellas otras que se cuida bien de no citar.

Esta vez, citamos del texto “Élites Naturales, los Intelectuales y el Estado” del economista Hans Hermann Hope.  Con énfasis y resaltados de propia hechura.

* * *

… Bertrand de Jouvenel.  Según su punto de vista, los Estados son la consecuencia del desarrollo de élites naturales: el resultado de transacciones voluntarias entre dueños de la Propiedad Privada es no-igualitario, jerárquico, y elitista.

Shaykh Abdul Kerim Effendi

Descendiente de la Casa de Osman

En cada sociedad, unos pocos individuos adquieren la posición de una élite por su talento.  Debido a logros superiores de riqueza, de sabiduría, y de valentía, estos individuos vienen a poseer una autoridad natural, y sus opiniones y juicios gozan del respeto general.  Además, a causa del apareamiento selectivo, el casamiento, y las leyes de herencias civil y de la genética, es probable que las posiciones de autoridad natural fueran traspasadas dentro de unas pocas familias nobles.  Es hacia estas cabezas de familia con antecedentes de logros superiores ñargamente establecidos, de visión de futuro, y de conducta personal ejemplar, a quienes las gentes llegaban con sus conflictos y quejas del uno contra el otro …

Una vez que el origen del Estado es visto como el crecimiento de un ordenamiento anterior, jerárquicamente estructurado, de élites naturales, se aclara por qué la humanidad, en la medida en que fue susceptible en absouto de gobierno {1} ha estado bajo la férula monárquica (más bien que democrática) durante la mayor parte de su historia.  Hay excepciones or supuesto … Pero éstos [casos] fueron ocurrencias raras, y ninguno de ellos se pareció ni remotamente al sistema democrático moderno de un voto por persona.

Además [esos casos de excepción] también fueron sumamente elitistas.  En Atenas, por ejemplo, no más del 5 por ciento de la población votaba y tenía derecho a posiciones de gobierno.  No fue hasta después de fin de la primera Guerra Mundial que la humanidad dejó verdaderamente la era monárquica.

(..)

El ascenso de la democracia

Como la teoría económica elemental podría predecir, con la transición del gobierno monárquico al democrático, una persona por un voto, y la substitución del rey por el pueblo, las cosas se hicieron peores.  El precio de la justicia se elevó astronómicamente mientras la calidad de la ley se deterioraba cada vez más.  Ya que la transición se redujo a la conversión de un sistema de gobierno de la Propiedad Privada – un monopolio privado -, a un sistema de gobierno de propiedad pública – un monopolio de propiedad pública -.

“Una tragedia de la gente común” fue creada.  Todos tuvieron derecho ahora, no sólo el rey, de tratar de echar mano a la propiedad privada de los demás.  Las consecuencias fueron más explotación por parte del gobierno (impuestos); el deterioro de la ley hasta el punto de que la idea de un conjunto de principios universales e inmutables de justicia desapareció {2} y fue sustituida por la idea de ley como legislación (ley hecha a la meddida, más bien que encontrada o ley eternamente “dada”); y un aumento de la tasa social de preferencia del tiempo (aumento en la orientación hacia el presente).

Un rey que poseía el territorio y podría transmitirlo a su hijo, trataba de conversar su valor.

Un gobernante democrático es una autoridad temporal y trata de maximizar los ingresos corrientes del gobierno a costa de su capital, y como consecuencia malgasta.

Éstos son algunos resultados: durante la época de las monarquías, antes de la Primera guerra mundial, el gasto del gobierno como porcentaje del PNB era raramente superior al 5 por ciento.  Antes de la Primera guerra mundial, el empleo en el gobierno era menor al 3 por ciento del empleo total.  Desde entonces ha aumentado a entre un 15 y 20 por ciento.  La época de la monarquía se caracterizaba por el dinero-materia prima (oro) y cuyo poder adquisitivo aumentaba gradualmente.  En contraste, la época democrática es la época de papel moneda cuyo poder adquisitivo disminuye permanentemente.

Los reyes se endeudaban cada vez más profundamente, pero al menos durante los tiempos de paz característicamente reducían su carga de deudas.  Durante la época democrática la deuda pública ha aumentado, en guerra o en paz, a alturas increíbles.  Las verdaderas tasas de interés durante la edad monárquica habían caído gradualmente a cerca del 2.5 por cciento.  Desde entonces, las verdaderas tasas de interés (tasas nominales ajustadas contra la inflación) se han elevado a cerca del 5 por ciento, iguales a las tasas del siglo quince.

Legislación prácticamente no existió hasta finales del siglo diecinueve.  Hoy pasan, en un solo año, decenas de millares de leyes y regulaciones.  Las tasas de ahorro disminuyen en vez de aumentar con los ingresos crecientes, y los indicadores de desintegración de la familia, y de criminalidad, aumentan constantemente.

El destino de las élites naturales

Mientras al Estado le ha ido mucho mejor con el gobierno democrático, y mientras al “pueblo” le ha ido mucho peor desde que empezaron a gobernarse a sí mismos, ¿qué ha pasado con las élites naturales y con los intelectuales?  En cuanto a las primeras, la democratización ha tenido éxito donde comenzaron modestamente los reyes: la destrucción final de la élite natural y de la nobleza.  Las fortunas de las grandes familias se han ido disipando por impuestos confiscatorios, en vida y al momento de la muerte.  La tradición de estas familias de independencia económica, visión de futuro intelectual, y mando moral y espiritual se ha perdido y olvidado.

engaño de la democracia

Liberación democrática

Ricos existen hoy pero, con más frecuencia que no, deben sus fortunas directamente o indirectamente al Estado.  De ahí que a menudo son más dependientes de los favores continuados del Estado que muchas personas de riqueza bastante menor.  No son ya las típicas cabezas principales de familia establecidas durante mucho tiempo, sino que son “les nouveaux riches”.  Su conducta no se caracteriza por la virtud, la sabiduría, la dignidad, o el buen gusto, sino que es un reflejo de la orientación actual de la misma masiva cultura proletaria, del oportunismo, y de hedonismo que los ricos y famosos comparten ahora con todos los demás.  Por consiguiente -y gracias a Dios- sus opiniones no tienen más peso en la opinión pública que el de la mayoría de la gente.

La democracia ha conseguido lo que Keynes soñó: “la eutanasia de la clase adinerada”.  La declaración de Keynes que “en carrera larga todos estaremos muertos” exactamente expresa el espíritu democrático de nuestros tiempos: hedonismo orientado sólo al presente.

Aunque sea perverso no pensar más allá de la propia vida de alguien, tal pensamiento se ha hecho tìpico.  En vez de ennoblecer a los proletarios, la democracia tiene proletarizadas las élites y ha pervertido sistemáticamente el pensamiento y el juicio de las masas.

El destino de los intelectuales

Por otra parte, mientras las élites naturales estaban siendo destruidas, los intelectuales asumieron una posición más prominente y poderosa en la sociedad.  En efecto, en gran medida han conseguido su objetivo y se han hecho la clase dirigente, controlando el Estado y funcionando como jueces monopolísticos.

(…) los intelectuales son ahora típicamente empleados públicos, aunque trabajen para instituciones o fundaciones nominalmente privadas.  Casi completamente protegidos de los caprichos de la demanda del consumidor (“tenured”), su número ha aumentado dramáticamente y su compensación está, por término medio, muy por encima de su valor genuino en el mercado.

Al mismo tiempo ha caído constantemente la calidad de la producción intelectual.

Lo que descubriremos es, sobre todo, irrelevancia e incomprensibilidad.  Peor, allí donde  la producción intelectual de hoy sea {3} en absoluto relevante y comprensible, es viciosamente estatista.

Hay excepciones pero, si prácticamente todos los intelectuales son empleados en las diferentes ramas del Estado, no debería ser sorprendente que la mayor parte de su más voluminosa producción, por comisión u omisiíon, sea propaganda estatista?  Hay más propagandistas del gobierno democrático hoy que propagandistas de la monarquía en toda la historia humana.

(…)

Historia e ideas

La situación parece desesperada, pero no es tanto.  Primero, se debe reconocer que la situación no puede continuar para siempre.  A la época democrática le cuesta ser “el final de la historia” como los neoconservadores quieren que creamos, porque también hay un lado económico del proceso.

Las intervenciones de mercado causarán inevitablemente más problemas que los que se supone curan, lo que nos llevará a más y más controles y regulaciones hasta que lleguemos al socialismo auténtico.  Si la tendencia actual continúa, se puede predecir sin peligro que, el Estado benefactor democrático occidental sufrirá un colapso final como sucedió a las “repúblicas populares” orientales a finales de los años 1980.  Durante décadas, los verdaderos ingresos en occidente han estado estancados o hasta han caído.

La deuda pública del gobierno y el costo de los esquemas de seguros sociales han provocado la perspectiva de una crisis económica.  Al mismo tiempo, el conflicto social ha llegado a alturas peligrosas.

Quizás tendremos que esperar un colapso económico antes de que la actual tendencia cambie.  Pero aún en el caso de un colapso, es necesario algo más.  Una crisis económica no causaría automáticamente un retroceso del Estado.  El asunto podría ser peor (…)

… el curso de la historia está determinado por ideas, sean éstas verdaderas o falsas, y por hombres que actúan inspirados por ideas, verdaderas o falsas.

Pero mientras las falsas gobiernen la catástrofe es inevitable.  Por otra parte, una vez que las ideas correctas sean adoptadas y prevalezcan en la opinión pública –y las ideas pueden ser, en principio, cambiadas casi al instante– la catástrofe no tendrá que ocurrir.

El papel de intelectuales

Esto nos trae al papel que los intelectuales deben jugar en el cambio necesario, radical y fuindamental, en la opinión pública y el papel que tendrán que jugar también los miembros de las élites naturales, o lo que quede de ellas.  Las cargas en ambos lados son pesdas, tan pesadas como lo son el prevenir una catástrofe o surgur con éxito de ella; estas cargas tendrán que ser aceptadas por las élites naturales e intelectuales como su deber natural.

Incluso si la mayor parte de los intelectuales están corrompidos y son en gran parte responsables de la perversión actual, es imposible conseguir una revolución ideológica sin su ayuda.  La tiranía de los intelectuales públicos sólo al pueden romper intelectuales anti-intelectuales …

El papel de las élites naturales

Precisamente aquí entra en juego lo que queda de las élites naturales.  Los intelectuales verdaderos (…) no pueden hacer lo que tienen que hacer sin ayuda de las élites naturales …

En alguna época, en la edad predemocrática, cuando el espíritu de igualitarismo no había destruido aún la mayoría de los ricos con mente y juicio independientes, esta tarea de apoyar a intelectuales impopulares fue llevada a cabo por estos individuos …

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NOTAS DE EDICIÓN:

{1} La traducción original dice aquí: “se aclara por qué la humanidad, en la medida en que fue susceptible de gobierno en todo ha estado bajo la férula monárquica” pero hemos realizado una corrección más acorde con el sentido del texto en inglés (“susceptible de gobierno en absoluto”:  “Once the origin of a state is seen as the outgrowth of a prior, hierarchically structured order of natural elites, it becomes clear why mankind, insofar as it was subject to government at all, has been under monarchical (rather than democratic) rule for most of its history.”

{2}  Ver, para una exposición islámica acerca de la noción de una ley sagrada en el Islam, y su diferencia con el cristianismo: Seguir la Ley Sagrada o Estar a la Altura de los Tiempos.

{3} Corregimos en esta frase la traducción original al español, que dice:  “Peor, mientras que la producción intelectual de hoy es en absoluto relevante y comprensible, es viciosamente estatista” por ir contra el sentido de lo expresado por el autor inmediatamente antes.  La confirmación de nuestra corrección puede observarse en el original, que dice:

“Almost completely protected from the vagaries of consumer demand (“tenured”), their number has dramatically increased and their compensation is on average far above their genuine market value. At the same time the quality of their intellectual output has constantly fallen.

What you will discover is mostly irrelevance and incomprehensibility. Worse, insofar as today’s intellectual output is at all relevant and comprehensible, it is viciously statist”.

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El artículo original en inglés, completo,  se puede ver en:

Natural Ellites, Intellectuals and the State

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En el Nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo

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De un tiempo a esta parte, se deja oir cada vez más -por corta que sea aún su difusión, y que por fuerza incluso deba serlo- una palabra en el lenguaje de ciertas discusiones en la esfera del pensamiento sobre la política en nuestro país: ‘metapolítica’.

Las presentes notas pretenden echar algunas luces, si acaso, en torno a este término, a fin de comprenderlo y evaluar su función y posibilidades en la intelección de la política en general.

Partamos de un uso corriente, tal como lo explicita un intelectual partícipe del pensamiento guenoniano -pensamiento conocido también por su auto-referencia como ‘tradicionalista’ o su descripción, también, como perennialista-, a saber, Sergio Fritz Roa.

En la reseña que nos ofrece a la obra de un metapolítico contemporáneo, Primo Siena, Frizt Roa señala:

Digamos que la metapolítica es la política guiada por principios de orden tradicional, es decir no humanos; o si se quiere, la aplicación de la metafísica en el orden político. La criptopolítica es el mundo de la baja política, la que se encuentra alejada de una orientación divina, por ser dirigida por intereses individuales o tribales (pero siempre egoístas) y materializada en el actuar más bien comercial y efectista que uno ordenado y abnegado. Insistimos que la clasificación no es pueril, y, a diferencia de lo que algunos creen, el uso de la voz metapolítica sí tiene un sentido y por tanto obedece a una necesidad. ¡Y esto no solo por la urgencia de usar otro término cuando la política se ha desgastado y se ha hecho sinónimo de corrupción, lo cual ya sería buen motivo para mirar otros horizontes semánticos!; sino que ante todo por la misma lógica del término. Se trata, entonces, de algo más que política, entendida ésta como la ciencia o arte de la organización de la ciudad. Es ir a los principios fundadores y rectores del orden divino que necesariamente han de plasmarse en la realidad del mundo cívico.

Una tal diferenciación conceptual (entre política y metapolítica) ciertamente no tiene sentido en las comunidades tradicionales, donde todo se rige y articula de acuerdo a un plan de Dios y se expresa en un grupo de seres cualificados para interpretar dicho designio. No, por supuesto que en el mundo tradicional hablar de una política y una metapolítica es ocioso e ineficaz. Pero, en el mundo actual, donde la creencia en un orden divino ha perdido toda fuerza, y ello no solo a nivel de “las masas” sino que en la supuesta “elite”, ciertamente que sí tiene un valor preciso.  [El subrayado es nuestro]

Es cierto que, con estas palabras, entramos ya en una de las concepciones de la metapolítica, entre otras que también se han producido.  Pero valga el señalamiento conciso de este modo de enterderla, a fin de ir percibiendo el horizonte que la discusión misma acerca de la utilidad, validez, fundamentabilidad o practicidad de una metapolítica pueda tener en el pensamiento sobre la política.

Para captar algo más de la problemática del concepto de la metapolítica, nos servirán las reflexiones de Alberto Buela en su artículo precisamente denominado ¿qué es metapolítica?.

(…) la metapolítica en una primera acepción [de la mano de la Nueva Derecha] significa la tarea de desmitificación de la cultura dominante cuya consecuencia natural es quitarle sustento al poder político, para finalmente reemplazarlo, y para esto último hay que hacer política.

Y acá surge la paradoja de la nouvelle droite, desde este punto de vista, y es que adoptando esta primera acepción ha querido desarrollar metapolítica sin política. Así lo afirma enfáticamente su fundador cuando sostiene: “Donde nosotros hemos siempre situado nuestra acción es sobre un plano metapolítico o transpolítico, a la vez cultural y teórico, y es ésta una vocación que no sabríamos cambiar”.   Sobre este tema, el politólogo Marco Tarchi observa que la nouvelle droite no lleva a cabo ninguna acción política partidaria, pues considera que los partidos políticos han sido superados en poder e iniciativa por los mega aparatos massmediáticos y que, es allí en donde esta corriente de pensamiento intenta llevar adelante la disputa.

Señala Buela una segunda acepción por la cual la metapolítica es un examen filosófico (ora hermenéutico ora filosófico-analítico) de los conceptos políticos.

Lo de ‘meta’, entonces, le vendría al ser una disciplina que procede desde una toma de distancia reflexiva a abordar los conceptos políticos, esto es, una suerte de metalenguaje respecto a un lenguaje-objeto.  Si bien esta segunda acepción, en sus vertiente hermenéutica que no -al menos directamente (1) – en su vertiente analítico-filosófica pura puede llevar el signo de una crítica de los entendimientos, problemáticas y consensos en la política reflejados en el uso de sus términos, ciertamente se percibe que aquí estamos ante algo distinto a la metapolítica de la Nueva Derecha.

En tercer lugar, siguiendo la exposición de Buela, se halla la concepción ‘tradicionalista’ (guenonista y/0 schuoniana y/0 evolista, et alia) de la metapolítica, aquella que señalamos al inicio.

Una tercera acepción de la metapolítica está dada por lo que se denomina tradicionalismo, corriente filosófica que se ocupa del estudio de un supuesto saber primordial común a todos las civilizaciones. Cabe distinguir este tradicionalismo que por definición es ahistórico, de la tradición de un pueblo particular como historia de valores a conservar.

El máximo representante de esta corriente, en este tema, es el italiano Silvano Panunzio quien en su obra Metapolítica: La Roma eterna e la nueva Gerusalemme (Roma, 1979) se ocupa detalladamente de los fundamentos de la metapolítica y su funcionalidad en nuestro tiempo.

Sin embargo, es su continuador el agudo pensador italo-chileno Primo Siena, quien mejor define esta significación de metapolítica cuando sostiene: “Trascendencia y metapolítica son conceptos correlativos, por ser la metapolítica veraz expresión de una ciencia no profana y más bien sagrada; ciencia que por lo tanto se eleva a la altura de arte regia y profética que penetra en el misterio escatológico de la historia entendido como proyecto providencial que abarca la vida de los hombres y de las naciones. Por consiguiente, la metapolítica expresa un proyecto que –por la mediación de los Cielos– los hombres rectos se esfuerzan de realizar en la tierra, oponiéndose a las fuerzas infernales que intentan resistirles” (De: P. Siena, “La metapolítica y el destino superior de nuestra América romántica”, Conferencia en III Encuentro Iberoamericano de Metapolítica, Viña del Mar, agosto de 1995, p. 2.)

Buela pasa a señalar su forma de entender la metapolítica, como una cuarta acepción propuesta, que sin embargo peca por ser más bien vaga, verdaderamente no definida, y, por ello mismo, no asible.  Para él, la metapolítica debería ser la actividad filosófica, por un lado, para comprender el fundamento último no político de la política (pero cuál sea el dominio al menos de ese fundamento no último no se señala en absoluto) para, a renglón seguido, proponer actividad política.

Valga el presente escrito,  sin embargo, no para dar cuenta de un mero ejercicio vacío de clasificaciones conceptuales, sino para dar cuenta a modo indiciario de la problemática de la búsqueda del fundamento de una política.

En efecto, la introducción del vocable metapolítica obedece a la insuficiencia y hasta la ilegimitidad del discurso de ‘las políticas’ o de los pensamientos políticos habituales a tales políticas y precisamente, ante tal insuficiencia, pretende dar un salto ‘más allá´a fin de volver a encontrar un terreno sólido desde el cual poder señalar con suficiencia o al menos con mayor legitimidad las orientaciones o al menos la percepción del campo de lo político.

Dicho esto, es de esperar -como de hecho ocurre- que haya discrepancias en cuanto al terreno del fundamento que se busca.

Buela, por ejemplo, señala ya que la concepción tradicionalista de la metapolítica más bien es propia de una teología política que de una reflexión filosófica de orden metafísico acerca de una metafísica de la política.

En cuanto a la tercera acepción, la tradicionalista, creemos que la misma se vincula mucho más estrechamente, tanto por su saber iniciático y esotérico como por su propuesta paradigmática, a una teología política que a una disciplina reflexiva y exotérica como la metapolítica.

De modo claramente controversial, Carlos Dufour, en su escrito “Aufhebung. El Fin de la Metapolítica“, señala:

Los tradicionalistas sugieren con la palabra “Metapolítica” algo misterioso, algo cuyo sentido habría que descifrar mediante indagaciones especiales, algo tan problemático como la Metafísica, algo semejante a un “más allá” de la realidad política.

Así preguntan “¿qué es la Metapolítica?”, como si se tratara no de fijar el significado de una palabra sino de develar una esencia oculta (…)

El Prof. Primo Siena, saqueando expresiones de Julius Evola y mezclándolas con la Civitas Dei de San Agustín, nos dice en definitiva que la Metapolítica es una especie de “metafísica sacra” (mejor sería denominarla teología subrepcticia) que legitima la política, ya que la política por sí misma tiende a la criptopolítica, como la naturaleza caída, sin la gracia, tiende al pecado. O sea, un impetuoso recycling de la doctrina de las Dos Espadas: la teología como instancia de legitimación del poder político concreto.

Los intelectuales y pensadores denominados tradicionalistas, en la medida claro en que sean rigurosamente adeptos del tradicionalismo,  responderían con un contundente rechazo a esta crítica, señalando que, ante todo, no son ni les interesa en absoluto ser ni intelectuales ni pensadores, sino simplemente perceptores (pero perceptores mentales, al fin y al cabo) y, en la medida de su percepción, locutores de un saber sapiencial perennialista sacro que se eleva por encima del exoterismo (algo de nivel bajo, claro) de una teología, dependiente en definitiva de una Revelación concreta, siendo que ellos, por el contrario, con su saber de orden superior, esotérico, pueden trascender todas las teologías históricamente atestiguables sin depender en definitiva de ninguna en concreto por razones de principio.

¿Cuál es por ende la importancia de la metapolítica, a todo esto? La búsqueda de un terreno firme de crítica de lo que se da en denominar el pensamiento único, y la naturaleza de ese terreno firme.

Si la búsqueda se hace vía la filosofía racionalista, las soluciones podrían ser tan no tradicionalistas como la hermenéutica, la filosofía-analítica, el deconstruccionismo, o en general, por qué no, el amplio espectro de las corrientes y tendencias de la filosofía de hoy en día -incluyendo los intentos, problemáticos, de revitalizar una metafísica en clave puramente filosófica-.

Si la búsqueda se hace mediante la conexión con algo de orden Superior, al modo del intento del tradicionalismo y, parcialmente a la zaga del mismo, al menos en este aspecto, al modo del espectro de la Nueva Derecha, puede hacerse legítimamente una pregunta: ¿y cuál es el fundamento, en tanto que saber, de este pensamiento mismo, incluso aceptando para ello la amplitud del espectro del saber y del Logos más allá de los límites estrechos dibujados por la Ilustración y la modernidad?

En efecto, ¿por qué, en definitiva, recurrir al guenonismo-schuonismo-evolismo o pensamiento tradicionalista/perennialista?

Esto nos remite, claro, al estatus de ese ‘saber’.  Muy problemático.  Y más bien, sin restar mérito a sus numerosos aportes, carente de base en sus asunciones fundamentales.

Contrariamente a su suposición universalista, el perennialismo o tradicionalismo no refleja fielmente el entendimiento de las tradiciones sagradas del mundo.  Re-escribe a éstas y llama a la reescritura Tradición.  Una hipóstasis no sólo históricamente harto contestable, sino, por sobre todo, contestada de hecho por las propias voces del saber espiritual máximo al interior de cada tradición sagrada.

Por otro lado, el perennialismo dice no hacer filosofía sino ‘metafísica’ entendida ésta no como las metafísicas racionalistas sino como una supra-filosofía que, procediendo no ya desde la razón limitada sino desde la intelección espiritual superior del espíritu mismo, contempla las ‘formas tradicionales’ (Islam, Cristianismo, Judaísmo, Hinduismo, Budismo, etc.) y detecta y explicita -de llegada- en palabras y giros de pensamiento la verdad común a todas ellas.

Dice por ende no ser filosofía, pero si bien la intelección referida es propia a una auténtica Gnosis, ciertamente los escritos del pensamiento tradicionalista no son Gnosis.

Sigue siendo su proceder, incontestablemente, un proceder surgido de las mentes. No es casual, en efecto, que las obras perennialistas de Guenon, Evola, Schuon, Burckhardt, Coomaraswamy y otros se recarguen de densas figuras y erudición y reflexiones analíticas, en definitiva, un marco y proceder teóricos compactos, propio sólo para ‘los aptos’.

Como lo expresa agudamente Jorge N. Ferrer, en su libro “Espiritualidad creativa. Una visión participativa de lo transpersonal”:

Lo que aquí quiero sugerir es que el núcleo común de la espiritualidad respaldado por la filosofía perenne no es el resultado de la investigación intercultural o del diálogo interreligioso, sino una inferencia deducida de la premisa de que existe una unidad trascendente de la realidad, un único Absoluto subyacente a la multiplicidad fenoménica y hacia el cual se en­caminan todas las tradiciones espirituales.

La evidencia que proporcionan los perennialistas para apoyar su idea de una meta común para todas las tradiciones espirituales es tan sorpren­dente como reveladora. Los perennialistas suelen afirmar que la unidad trascendente de todas las religiones sólo puede ser aprehendida intuitiva­mente y confirmada mediante un órgano o facultad conocida como el In­telecto (denominado también Ojo del Corazón u Ojo del Alma). Según los pensadores perennialistas, el Intelecto participa de la realidad Divina y, por lo tanto, al ser universal y no estar afectado por limitaciones históricas, es capaz de ver objetivamente las “cosas tal como realmente son” a través de la intuición metafísica directa (gnosis) (véase, por ejemplo, Cutsinger, 1997; Schuon, 1997; H. Smith, 1987, 1993). No cabe duda de que a los pe­rennialistas se les debería reconocer haber dado el atrevido y saludable paso de postular formas intuitivas de conocimiento que trascienden las es­tructuras ordinarias de la razón centrada en el sujeto y la razón comunica­tiva. Sin embargo, decir que este conocimiento intuitivo necesariamente revela una metafísica perennialista es una maniobra interesada que no pue­de escapar de su propia circularidad. Para ser genuinas, nos dicen, las in­tuiciones metafísicas han de ser universales. Y ello es así, nos aseguran, porque la universalidad es la marca distintiva de lo que es Verdad. En pa­labras de Schuon (1984a): «Ninguna escuela o persona tiene la exclusiva de las verdades [perennes] que acabamos de expresar; de ser así no serían verdades, pues éstas no se pueden inventar, sino que necesariamente han de ser conocidas en todas las civilizaciones tradicionales integrales» (pág. xxxiii). A esto añade: «La Inteligencia es o individual o universal; o razón o Intelecto» (pág. 152). Pero entonces, el discurso perennialista se reduce a decir que o tu intuición metafísica confirma la Verdad Primordial o es falsa, parcial o pertenece a un nivel inferior de percepción espiritual. La filosofía perenne, a través de su propia lógica circular, se ha hecho in­vulnerable a toda crítica (cf. Dean, 1984).

Ciertamente necesitamos ir mucho más allá del campo pobre y viciado de los consensos -traslapados o no- y los horizontes de los pensamientos políticos del pensamiento único y, más aún, del legado de la modernidad.  En esto, en despertar esta conciencia, las obras de los perennialistas tienen una función muy importante.

Pero ir más allá es un esfuerzo decididamente espiritual, implica un compromiso definitivo y medular con una llamada al espíritu, y, si bien teóricamente el perennialismo no puede dejar de reconocer ello, su hipóstasis teórica universal (característica antes que de su perennialismo, de su ‘ismo’ intelectual), y su proceder metódico en su carácter conceptual, finalmente intelectual, presenta un grave problema de principio en orden a la consecución del fin que pretenden alcanzar.

Ferrer lo dice en estos términos:

La atribución perennialista de un mayor poder explicativo o valor on­tológico a lo que es común entre las tradiciones religiosas es problemáti­ca. La naturaleza de este problema se puede ilustrar a través de la popular historia de la mujer que, al observar cómo su vecino entraba en un estado alterado de conciencia durante tres días consecutivos, primero con ron y agua, luego a través de una respiración rápida y agua, y por último con óxido nitroso y agua, llega a la conclusión de que la razón de su extraña conducta es la ingestión de agua. La moraleja de la historia es, por su­puesto, que lo esencial o más explicativo en una serie de fenómenos no es necesariamente lo más obviamente común a los mismos.

Además, incluso aunque pudiéramos hallar un substrato esencial a los diferentes tipos de conciencia mística (por ejemplo, la experiencia pura, la “talidad”, o “un sabor”), no necesariamente se ha de deducir que este fun­damento común tenga que ser la meta de todas las tradiciones, el objetivo más valioso espiritualmente, o el cénit de nuestros esfuerzos espirituales. Aunque sea posible hallar paralelismos entre las tradiciones religiosas, la clave del poder espiritualmente transformador de una tradición puede encontrarse en sus propias prácticas y visiones distintivas. A pesar de las li­mitaciones de la siguiente imagen, la agenda perennialista se podría com­parar al deseo de una persona que entra en una rústica panadería parisina y al ver la variedad de deliciosos croissants, baguettes y pastas de té, insiste en que quiere probar lo esencial y común a todos ellos, es decir, la harina.

No es que digamos que el perennialismo produce un sincretismo religioso.  Ciertamente Guenon escribió en contra del sincretismo.

El problema de fondo que presenta, sin embargo, es otro.

Para decirlo de modo bastante diáfano.

Si le preguntan a un tradicionalista: ¿en qué crees, a quién adoras?

Responderá: A Dios, claro, la Trinidad más allá de la creación, a Allah, Parabrahman, el Tao, verás, hay un Último referible diversamente, y de hecho hay referencias y conexiones al mismo en que no se ‘le’ o ‘lo’ adora precisamente, como en el budismo, formalmente ateo, por lo que ya ‘adorar’ es una vía bakhtika, devocional, mientras que a su vez, principialmente, existe otra vía alterna pero que llega a la misma ultimidad radical y es como la del advaita vedanta, contemplativa, o jgnana.

Ya. Es decir, no adora.

La relación con un símbolo, con un constructo teórico pluriforme, con una hipóstasis simbológico-conceptual, NO es una relación con Dios.

A tal ‘dios’ del perennialismo, cuando se le reza, no se le reza en verdad (bil haqq); cuando se le pide perdón, no se le pide perdón en verdad. Etc.

Pero, si miramos a los místicos o, por encima de ellos incluso, a los grandes maestros espirituales, por ejemplo, del Islam, nada podría estar más asombrosamente lejos de su entrega incondicional a Allah, glorificado y exaltado sea, que esta aproximación pretendidamente ‘tradicional’.

El tradicionalismo, en el fondo, no ha podido vencer la herencia de escepticismo que introdujo en el alma la modernidad a la que tanto dice combatir.  Me aseguro pensando que todas las religiones son igualmente válidas, moral, doctrinal e incluso esotéricamente, ya que, claro, ¿cómo decir que una de ellas es la más sobresaliente y la Vía a seguir en vez de otras? (Valga la aclaración de que este problema del ismo perennialista, moderno al fin y al cabo a su pesar, se refiere a quien lo asuma enteramente, pues hay asimismo grados, en los casos particulares, en los que una simpatía o admiración por el perennialismo no llegan con todo a asumir las consecuencias mencionadas de asumirlo enteramente).

Lejos de estar ante el mero problema de una incapacidad de fondo que presenta el perennialismo para una relación con Dios, que sin embargo reclama, el problema se comunica a sus posibilidades de aplicación, como el caso de la metapolítica entendida al modo tradicionalista.

Tal como hemos apuntado en nuestro post ‘Notas en torno a Atenas, Jerusalén … y la Meca’, la magnitud del descalabro contemporáneo halla en principio un modo de ser salvado en el genuino reencuentro no ya entre la filosofía y teología, sino entre ambos saberes con la Gnosis, procediéndose en el camino desde el punto de partida del sometimiento a la Revelación Divina.

Mientras el hombre no regrese a Dios, glorificado y exaltado sea, de modo verdadero y comprometido, no hay ‘meta’ que pueda servirle para desenredar el enredo contemporáneo.

Lo cual abre otra pregunta, por supuesto: ¿y cómo se conecta uno con Dios?  ¿Cómo sigue uno la Voluntad de Dios?

Ah, pero ésa … es otra historia.

Wa min Allahu Tawfiq

 

Nureddin Cueva García

 

NOTAS

(1) Obsérvese, sin embargo, los planteamientos que el filósofo hermeneuta peruano Víctor Samuel Rivera plantea a propósito de Wittgenstein y el pensamiento político, en Wittgenstein y la racionalidad práctica.

 

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